Alimentos procesados  y ultraprocesados: saber elegir Alimentos procesados  y ultraprocesados: saber elegir

Seleccionar los adecuados y aprender a consumirlos es el secreto para evitar causar daños al organismo.

Asesor Maximiliano Kammerer
Nutricionista

Ir al mercado y no saber si comprar alimentos procesados o ultraprocesados, en qué cantidad o cada cuánto llevarlos a la mesa es el dilema de muchos, pues para nadie es un secreto que estos abundan en los almacenes y las tiendas de barrio. Así que ignorarlos o huir de ellos no es la opción, al contrario, seleccionarlos con inteligencia es clave, pero ¿cómo hacerlo? El nutricionista Maximiliano Kammerer da algunos consejos.

¿Cuáles son las diferencias entre estos tipos de alimentos?

“Todo alimento procesado ha sufrido algún cambio antes de digerirse, uno cree que son malos completamente y no. Existen varios procesos y todos con diferentes fines: pueden ser para conservarlos más, para eliminar algunas bacterias —en el caso de las leches y los yogures— para facilitar su consumo, así como su distribución, incluso, para darle sabor y color. Algunos, además, disminuyen las probabilidades de alergias alimentarias, de intoxicación y permiten la adición de vitaminas y minerales para alcanzar ciertos requerimientos desde el punto de vista nutricional. Es el caso, por ejemplo, de los cereales con hierro, la leche con vitaminas y los minerales.

En el caso de los ultraprocesados, a estos sí se les añaden muchas más cosas, por ejemplo, sal, grasas saturadas, conservantes, que tienen más intervenciones y lo ideal es no consumirlos.

No se trata entonces de tenerle miedo a los alimentos procesados, es normal consumirlos y están en los supermercados, sin embargo, lo ideal es que la mayor parte de la alimentación sea lo más natural posible. Lo mejor es identificar en la etiqueta nutricional qué es lo que contienen para ver y ser consciente de lo que se está comiendo”.

¿Cómo leer la etiqueta?

“Hay una parte que dice VD (Valor Diario), que se refiere a lo rico de ese alimento en una sustancia o nutriente. Cuando tiene entre el 15% y 20% significa que aporta buena cantidad, pero cuando sobrepasa esa cifra hay que tener cuidado. Si es rico en azúcar, sodio o colesterol es mejor no consumirlo”.

¿Quiénes pueden consumir alimentos procesados?

“Es fundamental tener en cuenta el estado fisiológico de la persona. Si tiene diabetes, problemas de colesterol o es hipertensa no debería consumir este tipo de productos, pero una persona sana que coma, por ejemplo, verduras o atún enlatado de vez en cuando no tiene problema. En conclusión, si no hay una patología y se ingiere no hay problema, lo que hay que evitar definitivamente, son los alimentos ultraprocesados, los que se conocen como snacks y a los que se les agrega  otras cosas más.  Aunque si es de vez en cuando, no habrá problema”.

¿Qué hay de las carnes frías?

“Ellas hacen parte de los alimentos procesados y pueden consumírselas de dos a tres veces a la semana aquellos individuos que no tengan ninguna enfermedad, dado que tienen un poco más de sodio para garantizar su conservación. El chorizo de ternera, el jamón de pavo bajo en grasa son opciones y le dan variedad a la alimentación”.

¿Es cierto que dan cáncer?

“Las carnes frías se han relacionado con ciertos tipos de esta enfermedad, pero asegurarlo es un poco arriesgado, porque serían necesarias investigaciones de largo plazo. Cuando aparece el cáncer no es una situación de causa y efecto. Esta patología es de condiciones multicausales y el consumo de este tipo de alimentos puede ser un factor predisponente, sobre todo, cuando es en grandes cantidades”.

¿Qué enfermedades se pueden  desarrollar?

“Muchas veces por ser tan ricos en grasa, sodio o azúcar no son tan balanceados en vitaminas o minerales, entonces pueden tener carencias y desarrollar problemas de osteopenia y de osteoporosis. Si la persona basa su alimentación en ese tipo de comidas sí hay una descompensación nutricional importante”

Cuidado con los niños

“En términos de alimentos ultraprocesados, lo ideal sería que nadie los consumiera, incluyendo a los niños. Aunque si los pequeños se toman, por ejemplo, un jugo de caja esporádicamente no hay inconveniente, pero si se convierte en un hábito resulta dañino, dada la alta cantidad de azúcar que estos contienen, lo que se traduce en mayor probabilidad de padecer de sobrepeso y obesidad”.

Conciencia a la hora de elegir

En función del proceso que reciben, los alimentos pueden ser:

  • Orgánicos: son aquellos que no contienen conservantes, productos químicos añadidos u otros tipos de fertilizantes ni pesticidas. Por lo tanto, los cultivos y producción son amigables con el medio ambiente y el cuidado de los suelos. En este grupo están los vegetales, las frutas, las legumbres, según indica la clasificación Nova.
  • Procesados: si contienen aditivos, “sustancias que sin constituir por sí mismas un alimento ni poseer valor nutritivo se agregan a los alimentos y bebidas en cantidades mínimas”,  dicen Sebastián Odone y Martín Piña en el libro Mitos y verdades de los alimentos. El riesgo es que esto supere la cantidad permitida.
  • Ultraprocesados: se elaboran a partir de ingredientes industriales y no contienen alimentos frescos. Entre las opciones están las papas fritas o la denominada “chatarra”, los dulces, las sopas en lata y las bebidas carbonatadas. Generan adicción a sabores intensos y agotamiento. Es preciso tomar decisiones informadas sobre los aditivos con riesgo potencial para saber qué productos debe consumir.

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