Asperger: orientar desde la diferencia Asperger: orientar desde la diferencia

El acompañamiento durante la niñez y la adolescencia marca la pauta para una vida de oportunidades en la adultez.

 Asesora María Isabel Betancur Navarro, psiquiatra, adscrita a Coomeva Medicina Prepagada

En un mundo colmado de estándares, de clasificaciones generales, donde los patrones académicos, laborales y sociales están diseñados para alcanzar unas metas preestablecidas, el espacio para quienes son “diferentes” es escaso y, sin duda, difícil de transitar.

Y es la forma en la que las personas con Trastorno del Espectro Autista Asperger —TEA— se comunican con el mundo, lo que los hace diferentes a los demás. La socialización y la comunicación son factores claves en el relacionamiento y comprensión de la realidad, y esos son precisamente los ejes en los que presentan dificultades quienes viven con este trastorno. El control sobre sí mismos, que limita el contacto humano y el desarrollo de habilidades sociales, supone más que una enfermedad, una neurodiversidad.

Aunque, desde el 2013 el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5, elaborado por la Asociación Norteamericana de Psiquiatría, incluyó el Asperger como parte del espectro autista, persisten múltiples dudas y mitos en torno a este. Muchos han pasado de considerar la condición como un trastorno independiente, alejado del autismo, a hablar de esta como un “síndrome de la genialidad”, al ser atribuido a personajes destacados en las ciencias, artes o la tecnología. Que Albert Einstein o Bill Gates hayan podido tener el trastorno, o que el personaje de la serie de ficción The Big Bang Theory, Sheldon Cooper, esté basado en una persona con Síndrome de Asperger son teorías que han puesto el tema en boca de muchos. Sin embargo, el Asperger no es una cuestión de genios. Es cierto que ellos suelen tener una destreza que resalta, debido a una característica del trastorno que es el denominado interés restrictivo, por el que invierten la mayoría de sus ganas y disposición en eso que realmente les llama la atención. Si esa destreza se potencia de manera suficiente estos podrían destacarse y hacer grandes cosas, aunque es cierto que las dificultades en el manejo de las emociones y la relación con los otros afectan el desarrollo del área cognitiva.

Es entonces cuando se hace importante reflexionar sobre lo que se busca con el tratamiento de un Asperger. ¿Pretendemos normalizar al que es diferente?, ¿cambiar y hacer encajar en un sistema a quienes encuentran en este múltiples barreras? El cambio es posible, pero no lo es revertir una realidad. La meta, de acuerdo a la psiquiatra María Isabel Betancur, es lograr que estas personas desarrollen al máximo la potencialidad que tienen y se adapten lo mejor posible a la sociedad, pero para lograr esto es fundamental apuntar a la transformación, no solo del paciente sino de los diferentes actores que lo rodean. Como enfatiza la especialista, “la rehabilitación es un trabajo interdisciplinario en el que entran en juego familia, profesores y amigos”.

Un reto en familia

Diagnosticar el trastorno en los primeros siete años de vida y prepararse para afrontarlo con la terapia adecuada permitirá el mejor desarrollo de la condición. Su diagnóstico no es fácil, pues los síntomas pueden confundirse con trastornos del comportamiento, pero entre más pronto se haga, mayores serán las posibilidades de adaptación

El reto como padres o acompañantes de quienes tienen este trastorno, explica la especialista, es educarse y entrenarse profundamente en la terapia conductual para servirles como puente con la realidad. Para ella, “las expectativas de la familia tienen que ser realistas, dirigidas a que tenga éxito en eso que más le gusta hacer y no en todos los aspectos de la vida”. Se trata de educarnos para respetar las condiciones que nos hacen diferentes, “organizar sus emociones para no angustiar al niño, reconocer las dificultades que tiene”, aunque es importante estimularlos y acompañarlos para que desarrollen sus potencialidades, exigirle a alguien con Asperger que sea como el resto de las personas, o que cumpla las exigencias que impone la sociedad significará seguramente una fuerte carga en su vida.  El escritor chileno Leonardo Farfán —quien padece  Asperger— en su blog especializado en este trastorno, hace un llamado a aceptar la diferencia como complemento de todos, “en un mundo de parecidos, ser diferente se convierte en un problema, en un dolor y hasta en un castigo”.

Acompañamiento, clave

El apoyo profesional y familiar desde temprana edad es fundamental, pues es en los primeros años de vida donde se puede estimular de mejor forma el cerebro. Es entendible que como padres o amigos no estemos preparados para enfrentar un trastorno que desconocemos, por eso la importancia de buscar asesoría y prepararse en diferentes terapias como las de contención, cuya eficacia para controlar momentos de tensión e ira se ha comprobado. También es fundamental encontrar espacios recreativos, introducir nuevos temas o actividades, como la música o el deporte, y facilitar su relacionamiento con personas de su misma edad

 ¿Cómo entenderlo e identificarlo?

Relación con el autismo: el término “espectro autista” hace referencia a los distintos niveles de gravedad de trastornos del desarrollo que se pueden presentar, siendo el Asperger normalmente considerado de alto funcionamiento, dado que no afecta ni el nivel cognitivo ni el desarrollo del lenguaje de la persona. Su principal dificultad está en las aptitudes sociales que pueden afectar su rendimiento escolar, laboral o de pareja.

Características

El trastorno se caracteriza por la presencia de interacciones sociales inadecuadas. Se trata  de personas solitarias, que centran sus conversaciones en sus propias necesidades de comunicación, sin mostrar mucho interés en lo que dicen otras personas; les cuesta entender las expresiones de doble sentido, así como la comunicación no verbal, por lo que se les dificulta comprender los sentimientos ajenos. Igualmente se distinguen por sus comportamientos restringidos y conductas repetitivas.

Señales de alerta

  • Entonación rara o inapropiada, vocabulario inusual para su edad.
  • Dificultad para unirse al juego de otros niños, al punto de no tener amigos.
  • Conductas agresivas y reacciones extremas ante la invasión de su espacio personal.
  • Usa acentos, gestos y expresiones que son extrañas para su edad.
  • Relación anormal con los adultos: o demasiado intensa o casi inexistente.

 “Entendieron que Miguel era distinto, era como el decidió ser y el que no saltara no lo hacía menos rana, sino solo una rana que no saltaba”, tomado de La rana que no saltaba, de Leonardo Caracol.

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