Conviértase en el “detective” del azúcar escondido en los alimentos Conviértase en el “detective” del azúcar escondido en los alimentos

Identificar qué tanta azúcar tienen los alimentos procesados no es tarea fácil. Una opción para estos últimos es aprender a leer la etiqueta.

Así, 50 gramos equivale a 10 bolsitas de azúcar para tinto, que corresponde a la cantidad sugerida para un  día. La asociación americana del corazón es más estricta: sugiere que no se deben consumir más de 150 calorías (alrededor de 9 cucharadas, o sea 36 gramos). De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, el consumo de azúcar no debe superar el 10 % de la ingesta calórica total diaria, aunque en 2015 esta entidad decidió bajarlo a la mitad para lograr un impacto más positivo para la salud.

Además de la cantidad, tenga cuidado, con la que se encuentra “escondida” bajo otros nombres como sacarosa, fructosa, maltosa y jarabe de maíz. El azúcar tiene una reputación agridulce no solo porque contribuye al aumento comparable del peso y a la proliferación de caries dental, sino porque representa uno de los mayores riesgos para la salud del corazón, tal como lo estableció el doctor Frank Hu y sus colegas en un estudio publicado en la revista JAMA Internal Medicine.  (Para conocer el estudio haga clic en el siguiente enlace: The sweet danger of sugar – Harvard Health)

Para Hu, profesor de nutrición en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard,  grandes cantidades de esta sustancia elevan la presión arterial y aumentan la inflamación crónica, dos de las condiciones que aumentan el riesgo cardiovascular. Sin embargo, hay que saber diferenciar. El azúcar natural que está en frutas, vegetales y legumbres es una fuente esencial de carbohidratos que, al ser digerida de forma lenta, ayuda a entregar energía para las células, de forma estable.

El problema está en el azúcar añadida en porductos refinados. Como el cuerpo no distingue entre el azúcar procesado y el natural, todo lo que llega lo transforma en glucosa con la sobrecarga para el hígado. Por eso hay que mantener a raya ese antojo de algo dulce.

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