De novios a esposos De novios a esposos

De novios a esposos

A dúo 27 January, 2015 María Alejandra Tavera


Si bien el matrimonio es una etapa de crecimiento y madurez, no por ello hay que perder la magia del noviazgo. Hay maneras de lograr un matrimonio feliz.

Asesor: David Gutiérrez González – Sicólogo de la Universidad San Buenaventura, con maestría en sexología y educación sexual.

Es la broma eterna, se dice que llega el matrimonio y se acaba la dicha, que todo cambia para mal y no queda ni el recuerdo de los buenos momentos del noviazgo. Clichés, estigmas, si bien hay malos matrimonios, también hay parejas que viven años y años de felicidad, que logran pasar por momentos muy duros y aún siguen enamorados y apoyándose, ¿cómo se logra esto?

Si bien la relación y las responsabilidades cambian, se puede sacar tiempo para pasar a solas, recobrar los detalles y validarlo como el compañero elegido.

“No hay una fórmula”, anota David Gutiérrez González, sicólogo de la Universidad San Buenaventura, con maestría en sexología y educación sexual, pero sí que hay muchas cosas que aportan para que esto sea posible. “Es importante conocer bien al otro, sus cualidades, pero también las cosas que no nos gustan tanto. Si uno piensa que el otro es perfecto, todavía necesita tiempo para conocerlo mejor, y no hay un tiempo establecido para ello, pero se dice que la fase de idealización puede durar entre algunas semanas y un par de años, así que esto da un parámetro”, anota el sicólogo.

También es importante saber qué cosas tienen en común –ideas sobre tener hijos o no y sobre su crianza, o sobre el manejo de la economía, por ejemplo–. Resultan también fundamentales los valores el estilo y filosofía de vida, las familias de origen y muy especialmente, la confianza que les genera la otra persona; y si bien esto no garantiza que el matrimonio marche sobre ruedas, es un punto de partida más aterrizado y realista.

El temido cambio

No se puede negar que al contraer matrimonio e ir a vivir juntos –si no convivían antes–, hay un cambio en la dinámica y las responsabilidades de la pareja, pero no debería ser tan complicado, “a veces el cambio se da porque uno o los dos llegan tan prevenidos con el preconcepto de que las cosas ya no serán iguales, que inyectan eso a la relación. Claro, convivir no siempre es fácil, sin embargo, las diferencias se pueden negociar si conozco bien a la otra persona”, reflexiona David Gutiérrez.

Aparecen momentos más críticos como la llegada del primer hijo, pues es conocido que en ocasiones uno de los integrantes de la pareja “abandona” al otro para dedicarse a su rol de padre, y se olvida que también tiene un rol como esposo, por eso hay que hacer consciencia de las necesidades específicas de cada etapa. Es en momentos como estos que resulta aún más determinante recobrar la complicidad entre la pareja y traer nuevamente a la cotidianidad esas cosas que disfrutaban como novios.


Si bien la relación y las responsabilidades han cambiado, se puede sacar tiempo para pasar a solas, recobrar los detalles para con el otro y validarlo como el compañero que se ha elegido. Quizás sea tiempo de recordar que durante el noviazgo se gozaba con cosas muy simples que no es difícil revivir, es más un asunto de decisión para dar soporte a la relación en un momento de crecimiento importante.

Lo otro, es mantener siempre presente la comunicación entre los integrantes de la pareja, en palabras del sicólogo Gutiérrez: “hay que saber escuchar al otro, ponerse en su lugar y terminar de oírlo antes de responder; otra cosa importante es no tomar las cosas como un ataque y creer en la buena fe de la persona que se ama, en lugar de dudar de todo y pensar que no me quiere, que me engaña. Claro, el otro se equivoca, como yo, pero hay que asumir que no tiene mala fe”.
El asunto tiene que ver con la mirada que se le da a las cosas que pasan en el día a día de la relación, y siempre será más fácil ponerle buena cara cuando se conoce al otro y se miran sus aciertos y desaciertos en la justa medida

¿Como proteger la relación?

  • Conocer al otro.
  • Creer en su buena fe.
  • Poner siempre de manifiesto las similitudes y cosas en común y elegir centrar la atención en ellas.
  • Actuar con humildad, lo que no implica dejarse maltratar.
  • Aprender a negociar cuando llegan las dificultades o las diferencias.