El reto de una nueva familia El reto de una nueva familia

El reto de una nueva familia

A dúo 1 April, 2018 Ana María López de Mesa 0


Una pareja que decide adoptar requiere de inteligencia  emocional para asumir los desafíos.

 Asesora Ilse Margarita Orozco Castro, psicóloga especialista en parejas, adscrita a Coomeva Medicina Prepagada

La única certeza que se tiene al iniciar un proceso de adopción es que toma tiempo. Pueden pasar años antes de escuchar el tan esperado sí, incluso reprobar los primeros filtros y recibir una respuesta negativa. Todas las posibilidades deben contemplarse.

En el camino surgen obstáculos desde distintos frentes y para afrontarlos es indispensable que en la pareja prime el respeto, la paciencia y la comunicación, pues esta nueva etapa no es sencilla e implica cambios en sus respectivas rutinas. “Saber cuándo estamos listos para iniciar una solicitud de adopción es difícil. Es importante tener seguridad para tomar la decisión y comprender que en nuestra realidad también se incluyen las familias de dos integrantes”, explica Ilse Margarita Orozco, psicóloga especialista en parejas. “Lo importante en una familia es que cada uno de los miembros esté y se sienta cómodo, feliz. Por lo tanto, si la pareja se va por la adopción, debe tener la certeza de que asumirán esta decisión de la mejor manera. Esto es vital para los padres y para el niño, para que se dé una relación fluida”, complementa. Se trata de un compromiso para toda la vida.

Una decisión consciente

Generalmente, las parejas toman la vía de la adopción por temas relacionados con la infertilidad, porque no quieren tener hijos biológicos o porque consideran que es la mejor alternativa para ser padres. Son múltiples los casos. “Es importante saber que, tanto en el manejo de la infertilidad y de la solicitud de adopción, ambos deben involucrarse en igualdad de condiciones, de lo contrario podrían nacer sentimientos de culpa”, asegura la psicóloga.

Gonzalo Gutiérrez, director ejecutivo de la Fundación Cran (una de las entiedades avaladas para realizar los procesos de adopción en Colombia), explica que, a través de talleres de reflexión, “se busca que las personas interesadas se confronten primero a sí mismos, sus motivaciones, sueños y frustraciones, porque no es algo fácil ni tampoco es para todo el mundo. Hay que tener muy claro por qué se quiere ejercer ese rol parental”.

Algunas personas le agregan al procedimiento sus expectativas o fantasías personales: que sea un pequeño saludable o que no tenga un pasado turbulento, por ejemplo. Sin embargo, no hay nada más alejado de la realidad y esas ilusiones pueden intranquilizar a los futuros padres.

“Antes de recibirlo en adopción es muy importante conocer la razón por la cual el niño fue entregado al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, ICBF,  saber un poco de sus antecedentes médicos y familiares, entender que siempre va a estar presente esa familia biológica, puede que no legal ni físicamente, pero que esta fue la que le dio la vida al menor. Si los padres adoptantes no se relacionan bien emocionalmente con esta idea, ese sentimiento puede transmitírsele fácilmente al menor […] Además, como pareja, deben ser estables, así podrán ser unos padres comprensivos y estar dispuestos a apoyar al niño en su formación”, agrega la especialista.

Una crianza con cariño

¿Cómo enfrentar ese esperado primer encuentro? La psicóloga explica que “el acercamiento con el nuevo miembro de la familia debe hacerse poco a poco. Es fundamental no forzar las presentaciones familiares, para que se den naturalmente. Es bueno hablarle al menor en tonos suaves, pero con información clara y expresiones de cariño graduales”.

También hace énfasis en que la llegada de un bebé transforma las rutinas de las familias y con la adopción no es diferente. “Se vivirán las mismas etapas, con la diferencia de que este niño debe estar rodeado de amor de manera permanente, para brindarle la seguridad que necesita sentir desde la llegada a su hogar”.

Una buena idea para afianzar vínculos con el niño está en planificar actividades en las que participen todos los integrantes más cercanos del núcleo familiar. Dependiendo de la edad, pueden ir a pescar, compartir un hobbie en el parque, hacer un picnic, leer un cuento, hacer de comer. De esta manera, establecer una relación firme, segura y duradera, resultará en un ejercicio de parte y parte que involucrará la paciencia, aprendizaje, serenidad y la motivación para crecer juntos como familia.

La crianza de un hijo, en cualquier caso, demanda dedicación, por lo que en definitiva “los padres verán cada etapa de una forma distinta y valiosa, como un camino para fortalecer su vínculo”, subraya la especialista.

Con el paso de los años viene la formación del carácter y la personalidad. Como enfatiza Gonzalo Gutiérrez, “los prejuicios se aceleran cuando el niño está grande. Por eso hay que prepararlos para fortalecerlos como seres pensantes y enseñarles que la adopción es tan válida y tan importante como otras opciones para formar una familia”.

25 años es la edad a partir de la cual una persona (soltera o en pareja) puede empezar un proceso de adopción.

Camino de emociones

Cuando se inicia la solicitud formal para adoptar entran en la ecuación la papelería y los filtros exigidos por la ley colombiana. En nuestro país hay seis instituciones designadas por el ICBF que les brindan a los menores la posibilidad de hacer parte de un núcleo familiar estable.

Una vez la pareja se postula, recibe un estricto acompañamiento, donde comprenden si son idóneos para adoptar.

Quienes continúan inician un proceso de evaluación de idoneidades. Si los postulantes pasan, el caso se presenta ante un comité de adopciones de cualquiera de las instituciones avaladas. Si se aprueba, pasan a la lista de espera. En esta fase transcurre un periodo indefinido, hasta que finalmente se les asigna un niño o niña en condición de adoptabilidad.

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