Ese ideal de ser un perfeccionista Ese ideal de ser un perfeccionista

La tendencia al orden y a los detalles, así como la prevención de los errores, son cualidades de este rasgo de personalidad, común en la cultura occidental.

Asesoras Mariantonia Lemos – Psicóloga, magíster y doctora en Psicología
Nora Londoño – Psicóloga, magíster, doctora en Psicología y especialista en Psicología Clínica

Empezar por asimilar que nadie es perfecto y que las equivocaciones son oportunidades de aprendizaje, es un recomendación clave para quienes tienden al perfeccionismo. “El ser humano es falible y el error tiene un valor en la vida de las personas”, precisa Mariantonia Lemos, psicóloga y docente de la Universidad Eafit.

A pesar de que la frustración y los desaciertos son parte de la realidad, y que la premisa es que hay situaciones que no se pueden controlar, los individuos que tienen este rasgo de personalidad procuran realizar sus tareas, acciones o proyectos de manera ideal, a partir de lo que ellos consideran como perfecto.

A lo mejor se sienta identificado con esta tendencia si se concibe a sí mismo como alguien exigente, meticuloso, que se preocupa por mantener las cosas en orden, aún cuando no dependen de usted y si, frecuentemente, se enfoca en hacer sus actividades lo mejor posible y tiene aversión a las emociones negativas.

Cultura de la perfección

En el contexto de la cultura occidental se promueve el perfeccionismo, principalmente por el factor económico. “Tenemos una orientación al logro y una predilección dominante por la apariencia, por lo que la valoración personal se asocia a lo estéticamente ordenado y lo bonito”, agrega la psicóloga Nora Londoño.

Explica la especialista que el origen del perfeccionismo, así como el de cualquier rasgo de personalidad, tiene componentes biológicos o hereditarios y sociales. “En gran parte obedece a pautas de crianza, a la forma como actúan los padres y qué tanto le exigieron a esa persona. Los papás suelen ser modelos de este patrón, así como las estructuras del colegio”, indica la especialista.

Así mismo, esa necesidad de controlarlo todo también surge desde la crianza, a partir de la satisfacción que la persona sintió con las situaciones que dominó. “Si ese aspecto de control ha sido valorado, por parte de la familia o el ambiente social, el ser humano asume esa estrategia para obtener reconocimiento y afecto”, afirma la psicóloga Nora Londoño.

Cuando la perfección se convierte en obsesión, genera ansiedad e incluso puede originar una depresión, pues predominan sentimientos de insatisfacción, desilusión y tristeza. Ante elevados niveles de ansiedad, también llegan síntomas físicos como dolores de cabeza, de estómago, de espalda, sudoración abundante y hasta taquicardia.

Pese a que no es un trastorno en sí y se distingue del trastorno obsesivo compulsivo, el perfeccionismo sí puede ser factor de riesgo para un trastorno psicológico, eso sumado a otras características. La anorexia nerviosa, por nombrar alguno, puede incluirlo entre sus manifestaciones.

El lado positivo

Si bien exagerar en esa actitud perfeccionista resulta negativo, este rasgo también puede orientarse desde una perspectiva más positiva. La psicóloga Mariantonia Lemos menciona el hecho de que esta sociedad constantemente evalúa a los individuos, en ambientes académicos y laborales, por ejemplo. Entonces, procurar un rendimiento óptimo propicia buenos resultados. Igualmente, las cualidades de este rasgo, como ser detallista, observador y sistemático, entre otras, son necesarias para algunos roles y cargos de trabajo, como auditores de calidad, editores o altos directivos.

Desde el punto de vista de las especialistas consultadas, esta tendencia puede contribuir a reforzar un asunto adaptativo y protector, a la prevención del error y de distintos factores de riesgo. De igual forma, intentar dar lo mejor de sí mismo y hacer las cosas del mejor modo que sea posible, también es una manera de retarse, crecer a nivel personal y sacarle provecho a esta expresión de la personalidad.

Es diferente querer actuar lo mejor posible a pensar que todo puede hacerse perfecto. La psicóloga Lemos resalta que cuando el ideal es la perfección, la gente demanda muchísimo tiempo y se exige más de la cuenta en tareas simples que no lo requieren. Junto a esto, es un rasgo improductivo en circunstancias en las que es ideal que prime lo espontáneo, la interacción y la creatividad, pues esta persona lo que busca es el control •

¿Cómo superar un mal día?

Esto puede ser un reto para un perfeccionista, pues un mal día implica haber fallado en cualquier tarea, haber sido evaluado negativamente o no haber podido ejecutar algún ritual o acción que le garantizara mantener el control. Antes de echarse culpas o dudar del propio talento se recomienda respirar y tomar una pausa. La psicóloga Nora Londoño aconseja “ver las posibilidades de crecimiento a través del inconveniente”. Es importante, aclara la especialista, ser consciente de no caer en extremos con esa postura ni asumir que la vida será la ideal. Se trata de comprender que, en cualquier evento, hay aspectos que salen bien y mal. Por esto es fundamental contar con alternativas para dispersarse y relajarse, como practicar una actividad lúdica o deportiva, ver una película o concentrarse en leer.

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