Espantar los ladrones de pensamiento Espantar los ladrones de pensamiento

La divagación, la rumiación y las fantasías son tres hábitos mentales que alteran el pensamiento y no le permiten a la persona usar sus ideas de manera creativa.

Asesora: Susana Ceballos, psicóloga

Cuando se está enamorado, se suele escuchar la expresión romántica: “¡Tú eres quien me roba el sueño!”. Sin embargo, en el día a día, un “ladrón de pensamiento” opera más allá del gusto o del enamoramiento, siendo perjudicial, a largo plazo, para la salud emocional y física de una persona. La divagación, la rumiación y las fantasías, en este caso, se consolidan como hábitos mentales que alteran el pensamiento y no permiten al individuo utilizar sus ideas de forma creativa, sustentable y útil para él mismo o para los demás. (Puede ser de su interés: Pensamientos positivos generan bienestar).

De acuerdo con Susana Ceballos, psicóloga realizativa, psicoterapeuta y especialista en valoración del daño en salud mental, “el pensamiento es una idea o una representación mental. Podemos tener millones de ideas en el día y nuestro cuerpo las vive en forma de energía. Un ladrón del pensamiento es aquel que te roba energía cognitiva y la posibilidad de procesar la información de tus pensamientos de una manera óptima”.

Puentes bajo control

Elementos como la privación, la negación y la sustracción, son herramientas a través de las que esos “ladrones de pensamiento” operan, se manifiestan o se mantienen. La privación, en primer lugar, es un patrón mental y emocional en el que la persona se inhibe de sentir algo para evitar crear vínculos fuertes que la lleven al dolor o un sufrimiento.

La negación, por su parte, es la tendencia mental y emocional de no reconocer, consciente o inconscientemente, algo que está ahí para manejarlo o gestionarlo y, finalmente, la sustracción se entiende como una economía cognitiva, “que no es negativa, porque al contrario permite minimizar información y hacer asociaciones que facilitan un mejor procesamiento de la misma”, afirma la doctora Ceballos. A continuación, más sobre la divagación, la rumiación y las fantasías.

Divagación

Es un estado mental en el que no se está presente, sino pensando en otra cosa muy diferente a la que se está haciendo. El pensamiento, en el que se supone se debe estar enfocado, se pierde. A medida que se divaga, esos pensamientos, de los que se es consciente, están moldeando la vida, es decir, están haciéndose cargo de dirigir las decisiones, correcta o incorrectamente.

Fantasía

La divagación, por tanto, lleva a la fantasía. Esta aparece cuando se distorsiona una situación o una información específica, asociando falsamente ideas con situaciones deseadas o no deseadas y tomando decisiones basadas en ellas. El cerebro está tan ocupado en procesar esos pensamientos fantasiosos que, al momento de llevarlos a la acción, cree que ya se realizaron, robando la energía necesaria para desarrollarlos.

Explica la psicóloga que hay tres tipos de realidad: la de primer orden, que son los hechos como tal; la de segundo orden, que es la interpretación que se hace de esos hechos y, la de tercer orden, que es el significado emocional que se le da a la interpretación de esos sucesos.

La mayoría de las personas eligen basadas en el segundo y el tercer orden, es decir, en la interpretación y en el significado (generado por la fantasía), no en el hecho real.

Rumiación

Este hábito se da cuando “pensamos mucho” sobre una cosa que pasó, que se vivió o que nos dijeron. Es cuando se crea un diálogo interno “no sano” con el pensamiento, que puede llevar a desarrollar enfermedades emocionales como la soledad, el rechazo, la depresión. Cuando se empieza a creer que lo que “rumiamos” es verdad, es porque está fortalecida por la fantasía y genera una fatiga mental tan grande que no es posible rendir como se quisiera.

Remedio “antirrobo”

Se pueden enfrentar los “ladrones” con tres herramientas:

1. Auto-observación. Sacar de la cabeza los pensamientos. La mejor herramienta para ello es escribirlos; plasmar lo que se está pensando. No quedarse con ellos.

2. Entrenamiento mental. Los pensamientos y las emociones sostienen esos ladrones, que son predecibles y hay que anticiparse a ellos, por eso hay que entrenarse en:

Identificar cuándo aparecen, en qué momento se manifiestan y qué situaciones los activan.

Manejarlos, darles otra dirección cuando se originan, haciéndose preguntas como: “¿qué estoy habituado a hacer en esta situación?”, “¿qué puedo hacer diferente a lo que hago siempre?”, “¿quién quiero ser en relación con esta situación?”, “¿cómo puedo usar esta situación como una herramienta para mí?”.

3. Regulación emocional. Si se controlan las emociones, se reprimen, pero cuando se regulan se les baja el volumen, pensando claramente. Usar técnicas de respiración para regular la fuerza de la emoción que lleva a rumiar, divagar o fantasear funciona cuando aparece la situación que molesta. La “respiración centrada en el corazón”, es una sugerencia que hace el Instituto Español de Coherencia Psico-Fisiológica, HeartMath.


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