La vitalidad no es cuestión de edad La vitalidad no es cuestión de edad

Hacer ejercicio físico y gimnasia cerebral, así como buscar actividades afines, son algunas maneras de vivir con tranquilidad la madurez.

Asesora Luz Amparo Salazar – Psicóloga

Todos avanzamos en edad en la vida y alcanzamos la madurez física. El desafío está en trabajar a la par por encontrar la plenitud mental y espiritual.

A la etapa de la adultez tardía se llega al mismo tiempo que la jubilación. Es un momento donde el tiempo empieza a estirarse porque quedan vacíos: ya no hay obligaciones laborales y, en la mayoría de los casos, ya no está el compromiso de ser proveedores en la familia. Así que lo mejor es prepararse para ello y buscar opciones que ayuden a llenar esos espacios: empezar un negocio, una pequeña empresa, embarcarse en ese proyecto del libro que siempre se quiso escribir, pintar, hacer ejercicio o viajar.

“La tercera edad o la vejez hace parte del ciclo evolutivo de los seres humanos. Es una etapa por la que la mayoría tenemos que pasar, que incluye muchos cambios a nivel fisiológico, emocional y social, y lo importante es que cada una de estas transformaciones no llegue de manera sorpresiva.  Hay que prepararse y también hay que empezar a desmitificar, porque es una etapa sobre la que hay muchos mitos, como que el adulto mayor ya no podrá hacer nada, ni tener amigos, o que hay pérdida completa de la salud.  Muchas de estas ideas llevan a la persona a vivir el envejecimiento de forma muy dolorosa y no tan asertiva y adecuada”, dice la psicóloga Luz Amparo Salazar.

Enfrentar los duelos

Algo de lo que poco se habla es que en el proceso de envejecimiento se pasa por  diferentes tipos de duelos. Los asociados a problemas de salud, porque aunque no haya quebrantamientos acentuados, sí se da una pérdida de la capacidad física; y los duelos en materia afectiva, porque amigos cercanos y hermanos empiezan a morir. Eso sin contar con la manera condescendiente como algunas familias tratan a los adultos mayores. La psicóloga la describe como “una condición casi enternecida de abuelos”, aunque no sea este el único rol que pueden desempeñar.

Dice Salazar que lo primero a tener en cuenta es que hay que acercarse con tranquilidad y naturalidad a las implicaciones que trae esta etapa desde el punto de vista biológico: “es importante entender la vejez como un proceso normal y cambiar las creencias que tenemos frente a ella. Hay que cuidar la salud, realizar ejercicios físicos y buscar apoyo social; encontrarse con amigos y grupos con los que se tiene alguna afinidad, sentir que se pertenece a una comunidad”.

Además de los ejercicios físicos, es necesario entrenar el cerebro cognitivamente, haciendo ejercicios de neuropsicología y gimnasia cerebral para evitar el decaimiento en las funciones ejecutivas o la pérdida de memoria, pues no es un secreto que en la vejez hay más probabilidades de desarrollar enfermedades neurodegenerativas.

“La familia juega un rol muy importante porque debe hacer un proceso de acompañamiento y aceptación. Llevar al adulto mayor a que se siga sintiendo parte de la familia. Evitar los estereotipos. Hay que hacerlos sentir útiles, ponerles tareas de acuerdo con sus capacidades, como actividades en la cocina, el arreglo de ropa, y otras que permitan que se sienta cómodo y útil”. La actitud para enfrentar los cambios moldea la propia percepción de esta etapa de la vida.

Si bien la madurez física hace parte de la evolución natural, para garantizar la buena condición es preciso cambiar percepciones y mantener la actividad física y mental.


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