Otra mirada a la vida Otra mirada a la vida

Coomeva Medicina Prepagada se une al Mes de la Sensibilización contra el Cáncer de Mama.

Con una actitud valiente y decidida de lucha por la vida muchas mujeres han enfrentado un diagnóstico de cáncer de mama y lograron salir adelante. Su resiliencia, su entusiasmo por cumplir sus metas, así como el apoyo y el amor de su familia y amigos fueron indispensables para superar las circunstancias más adversas. Sus historias de vida inspiran a nunca rendirse.

El amor sana

Ese fue uno de los tantos aprendizajes que tuvo Alexandra Utria en su procedimiento, ella es una abogada barranquillera, usuaria de Coomeva Medicina Prepagada, que ha laborado como funcionaria pública. Es aficionada a los viajes y sus sueños fueron los que también la impulsaron en su batalla. “Me encantaría conocer India e Italia, uno se motiva por todo lo que quiere hacer”, comenta. Alexandra se ha caracterizado por ser muy alegre y así procuró mantenerse, “yo usaba mis boinas, sonreía y comencé a mirar la enfermedad de otra manera. Primero abracé la condición y después comencé a resurgir, tomé la posición de lucha por la vida”. Sus familiares, especialmente su hermana, su mamá y su sobrina pequeña fueron fundamentales para su sanación. Su gran enseñanza: volver al origen, conectarse con la naturaleza y pensar en sí misma, “a veces uno se deja en último lugar, posterga los chequeos y el tiempo de gozo. Mi proceso me permitió reflexionar, tomarme la vida de forma más ligera, no preocuparme por tonterías y centrarme en el amor”. Alexandra rescata la importancia de escuchar al cuerpo, de darle el cariño que merece con una buena alimentación y con las revisiones tempranas. Ve su experiencia como una maestra que la convirtió en quien es ahora y como una manera de inspirar a otros.

Un gran aprendizaje

“Esta vivencia será como escalar el Éverest, pero tendrás ayudantes que te llevarán el arnés, el agua y lo que necesites. Esos soportes son tu familia, tus amigos y toda tu red afectiva”, fue la frase que le dijeron a Adriana Betancur y la que siempre tuvo presente. Adriana es bibliotecóloga, consultora de bibliotecas públicas y es usuaria de Coomeva Medicina Prepagada. Relata que a partir del diálogo con los demás se enriqueció de conceptos y de experiencias que influyeron en su sentido de vida, “la actitud es primordial, no solo con la aceptación del diagnóstico sino con la curación”. Igualmente, destaca el trato humano y responsable que recibió, “resalto la importancia de la buena relación entre uno como paciente y el personal de la salud, pues ellos contribuyen a alimentar la esperanza”, señala. Tras superar su tratamiento, Adriana continúa en una etapa más preventiva, con los ajustes asociados a la alimentación, el ejercicio, la higiene del sueño y el tiempo de ocio, “los cursos de yoga y de meditación que había hecho me ayudaron a asumir una mentalidad abierta, de aprendizaje. Realizar actividades de disfrute como leer, cocinar, tejer, ver películas y conversar, todas ellas esenciales para que el tiempo del tratamiento fuera luminoso”. Explica Adriana que si se está motivado por un proyecto de vida ético, ese objetivo espiritual inside favorablemente también en lo corporal.

Lo que realmente importa

Paula Barona es contadora pública, usuaria de Coomeva Medicina Prepagada y se desempeña como Jefe Nacional de Servicio al Cliente en Coomeva Medicina Prepagada, “con mi enfermedad ratifiqué que Coomeva es la empresa donde quiero trabajar, la amo y la valoro por apoyarme incondicionalmente en todos los momentos”, dice. Durante su proceso no se quiso incapacitar sino que eligió seguir activa, a su ritmo: “ir a trabajar me hacía sentir viva, me daba la motivación para decir: yo sí puedo salir adelante. Además, eso me ayudaba a pensar en otros asuntos y a estar en función de mi rutina normal y a no centrarme solo en el cáncer”.

 Agrega que sus compañeros fueron para ella otra familia, siempre solidarios y dispuestos a dar lo mejor de cada uno para hacerla sentir mejor. Paula es casada, tiene dos hijos y una nieta, ellos fueron su motor para continuar. “Nuestras relaciones se consolidaron aún más. El día que me rapé el cabello mis seres queridos también lo hicieron. Mi mamá por su parte me cuidó todo el tiempo, jamás se rindió”. Si bien fue un camino difícil, Paula trató de conservar sus pensamientos positivos, “uno reafirma su fe, se apega a lo espiritual, se aferra a su núcleo. Se da cuenta de lo importante que es para muchas personas y aprecia cada instante”. Paula cumplió un año de haber terminado su tratamiento y a diario se levanta agradecida por su existencia, su familia, sus amigos, su trabajo y por cada oportunidad. Además de los cambios en su alimentación, como comer muchas frutas y verduras, y de seguir los controles recomendados, su actitud también se transformó al soltar cargas, enfocarse en lo bueno y despreocuparse por cosas que “no valen la pena”.