Que el estrés no altere su alimentación Que el estrés no altere su alimentación

La nutrición puede verse afectada por el estrés. Las emociones ponen en juego el apetito y la correcta alimentación. 

Comer muy rápido, saltarnos comidas como el desayuno y cenar de manera muy abundante se ha convertido en una costumbre cada vez más frecuente dados los ritmos de vida actuales. Estos cambios en el estilo de vida que viven muchas personas redundan en una nutrición deficiente pues el cuerpo no recibe las proporciones necesarias de los diferentes grupos alimenticios o termina recibiendo principalmente grasas o carbohidratos que abundan en las llamadas comidas rápidas.

Por otro lado, cuando se presenta un nivel de estrés avanzado el apetito también se ve comprometido. Las preocupaciones asociadas al estrés llevan a muchas personas a perder las ganas de comer o, por el contrario, a hacerlo más de la cuenta.

Antes estos cambios en las rutinas alimenticias, el Consejo Europeo de Información sobre la Alimentación (EUFIC) recomienda primordialmente encontrar el origen del estrés que se esté sufriendo para procurar reducir su impacto sobre el organismo. Igualmente hace énfasis en privilegiar ciertos alimentos que se han identificado por su eficacia para contrarrestar algunos de los efectos de la alta tensión. Aquellos ricos en batacarotenos como las zanahorias, frutas de color amarillo como las naranjas y mandarinas y verduras de color verde refuerzan el sistema inmunitario que se ve afectado por el estrés. Asimismo, incluir en la dieta pescado, pollo, carne magra, pavo, huevos o leche es importante cuando se presenta un estrés permanente pues la demanda de proteínas del cuerpo se hace mucho mayor.

 

Evite consumir comida chatarra y programe mejor los tiempos de la alimentación procurando mantener las cinco comidas del día.

 

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