Sí se puede perder la grasa abdominal Sí se puede perder la grasa abdominal

Implicaciones estéticas, físicas y de sexualidad tienen incidencia en el incremento del volumen del abdomen.

Asesor Sandro Gómez Maquet – Médico especialista en nutrición

Nada que desanime más que mirarse al espejo y ver esa panza prominente, como quien dice ¡acá estoy! Más que un asunto estético, esa protuberante barriga puede ser la señal más visible de alteraciones cardiovasculares y hasta sexuales, sobre todo en ellos. ¿Puede haber algo peor que eso para el orgullo masculino? Así que, por donde quiera que se le mire, disminuir el perímetro abdominal es lo más acertado que cada persona puede hacer, pues las mujeres tampoco se libran de esa situación.

 Sin embargo, más allá de las formas, lo que hay que entender es que hablar de grasa abdominal es igual a grasa visceral, una expresión que, para algunos, merece más atención y se refiere a esa grasa que hay alrededor de los órganos del abdomen, así lo explica un artículo de la Harvard Medical School: “lo que hace que la grasa abdominal sea un fuerte marcador de riesgo de enfermedad es que la grasa que rodea el hígado y otros órganos abdominales, llamada grasa visceral, es metabólicamente muy activa. Libera ácidos grasos, agentes inflamatorios y hormonas que, en última instancia, conducen a niveles más altos de colesterol LDL, triglicéridos, glucosa en la sangre y presión arterial”.

Tome el metro

Para empezar, es necesario saber que existen unas medidas, tomadas a nivel del ombligo, para identificar si el perímetro abdominal está dentro del promedio o es hora de empezar a bajarle a la barriga. La Organización Mundial de la Salud señala que para los hombres debe estar por debajo de los 90 centímetros y para las mujeres debajo de los 80. Advierte el especialista Sandro Gómez Maquet que, estas medidas muy elevadas pueden llevar al desarrollo de diabetes, hipertensión, colesterol, triglicéridos elevados y, por supuesto, enfermedad cardiovascular, en otras palabras, algo que los expertos llaman síndrome metabólico.

Si bien para hombres y mujeres estos excesos de grasa son causados por las mismas razones: sedentarismo, mala alimentación, alteraciones hormonales, falta de sueño y estrés, el especialista señala que, aunque en ellas también puede darse en la parte abdominal, es más frecuente que las mujeres acumulen grasa en las caderas, por lo que explica que tienen menos problemas de grasa visceral, pero no están exentas. Añade también que en mujeres mayores de 60 años la incidencia de grasa abdominal es un poco mayor, debido a los cambios hormonales que condicionan la presencia de grasa en el cuerpo.

Por su parte, el estilo de vida actual también hace que cada vez haya más niños y jóvenes con perímetro abdominal elevado, incluso el experto advierte del “aumento de diabetes tipo 2 en la población más joven debido al aumento de la grasa visceral”.

La lipo no es la solución

En ese afán de lograr resultados rápidos y sin mucho esfuerzo, para muchos, el quirófano suele ser la primera opción que salta a la vista. Incluso, hay quienes acuden a geles térmicos, a plásticos en el abdomen para “sudar la grasa”, jugo de limón en ayunas para “cortar la grasa” y cuanta oferta hay en el mercado que promete resultados milagrosos.

 Sin embargo, el doctor Gómez Moquet es enfático en decir que “la única manera de disminuir la grasa abdominal es con la realización de actividad física y un plan alimentario ajustado a las necesidades de cada persona. Hay que tener claro que para reducir la grasa abdominal (que es la más difícil) es necesario, primero, perder peso. Con la lipo se baja grasa de la pared abdominal, pero la visceral, con esos procedimientos, permanece ahí”.

Mientras más grande sea la cintura de un hombre, mayor riesgo tendrá de desarrollar impotencia sexual y alteraciones urinarias.

5 claves para tener la grasa bajo control

  1. Disminuir el consumo de azúcares refinados: postres, tortas, helados, pasteles, productos de repostería, bebidas azucaradas y azúcar de mesa.
  2. Evitar la reutilización de los aceites.
  3. Reducir el consumo de fritos.
  4. Tener un plan nutricional orientado por especialistas y adherirse a él.
  5. Hacer actividad física.

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