Sueño reparador en la infancia Sueño reparador en la infancia

No existe una fórmula mágica para dormir a un hijo que se resiste con todas sus fuerzas a irse a la cama cuando llega la noche.

Algunas estrategias, combinadas con amor, conocimiento y paciencia, terminan dando sus frutos. Hay explicaciones médicas y científicas que ayudan a entender mejor a los padres por qué su hijo no quiere dormir, huye del sueño, tiene pesadillas, llora o se cuela cada vez que puede en la cama de los adultos. El neuropsicólogo Álvaro Bilbao da algunas claves:

 

1.Angustia de separación. Si durante los seis primeros meses de vida el niño ha compartido habitación con los padres, la decisión de cortar con este hábito puede resultar traumática, pues todos los cambios producen inseguridad en el ser humano y en un bebé pueden acentuarse.


Además, entre los 7 y los 9 meses aparece lo que los psicólogos llaman la angustia de la separación. Una etapa en la que empiezan a comprender que las cosas y las personas a veces están y otras veces no. Ver también Desde la niñez se adquieren los hábitos del sueño

 

2.Errores más comunes. Dejar al niño todo el día en la cuna o el coche sin ninguna actividad o, por el contrario, sobre estimularlo con imágenes, canciones, movimientos o juegos, son contrastes que hay que evitar. “A los hijos hay que ayudarles a dormirse con unas rutinas diarias y nocturnas, con acompañamiento, con paciencia”, explica el especialista.


Un error común está en dejarle que lea o vea un cuento en la tableta o el móvil, porque esta práctica activa más su cerebro.

 

3.La importancia del amor. El amor y la ternura son imprescindibles a la hora de ayudarlos a dormir. Es fundamental atender al bebé cuando llora porque le ayuda a desarrollar su confianza y seguridad emocional. “El niño que crece en un entorno sensible que responde a sus necesidades tiene más probabilidades de convertirse en un adulto con una buena autoestima y confianza en sí mismo y esto se traduce a todos los ámbitos de su vida”.

 

Los estudios más recientes demuestran que los menores que han desarrollado un apego seguro “no solo tienen más confianza en sí mismos, sino que también se muestran más solidarios y establecen vínculos afectivos más seguros con otros pares, parejas e incluso con sus propios hijos”. Le puede interesar Hay explicación para el mal dormir del bebé

 

Fuente: EFE


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