Un abrazo reconforta el alma Un abrazo reconforta el alma

Un abrazo reconforta el alma

Antes de 2 April, 2019 Ana María López de Mesa


Una actitud dispuesta y las muestras de afecto son ayudas para superar y acompañar a otros a atravesar un duelo.

Asesor Juan Sebastián Acosta – Psicólogo

Ni manual de instrucciones ni frases perfectas. Sea propio o de alguien cercano, el duelo es una situación personal. Nadie puede sentir lo que otra padece física y emocionalmente, sin embargo hay pautas que ayudan a ponerse en el lugar de la persona afectada y hacer que el proceso fluya de la mejor manera. Un buen abrazo y el silencio en su justa medida también comunican.

Dejar un empleo, el fin de una relación de pareja, el paso hacia una nueva etapa vital, como por ejemplo, de la edad adulta a la tercera edad, también lo pueden desencadenar.“Se trata de una reacción natural ante la pérdida de un ser querido, objeto, mascota, territorio o situación en la que se sentía amado, cómodo o validado”, explica el psicólogo Juan Sebastián Acosta, coordinador de la Unidad de Duelo de la Funeraria San Vicente.

Una vivencia de este tipo, sobre todo cuando se trata de una muerte cercana, requiere de una adaptación paulatina que, en ocasiones, necesita de ayuda especializada para superar cada fase que la experiencia trae (negación, ira, negociación, tristeza, depresión y aceptación) y recuperar, de esta manera, el equilibrio. Así, entender la muerte como parte del ciclo de la vida es un avance fundamental para atravesar el duelo y ayudar a los demás a recuperarse de este inevitable momento.

Vivir cada etapa con calma, pero sin detenerse

La psiquiatra suiza Elisabeth Kübler-Ross publicó en 1969 el libro On death and dying, es español Sobre la muerte y el morir, en el que describió por primera vez las cinco fases del duelo. Estas son:

Negación: se produce de forma habitual luego de la muerte del ser querido, con frecuencia lleva a un estado de shock o embotamiento emocional e incluso cognitivo.

Ira: el fin de la negación se asocia a sentimientos de frustración e impotencia con respecto a la capacidad de modificar las consecuencias de la pérdida. Esto conlleva a la aparición del enfado y a la búsqueda de atribuir la culpa a algún factor.

Negociación: aquí el individuo guarda la esperanza de que algo cambie e intenta influir de algún modo en la situación que vive, ya sea desde la religión o las promesas que se hace a sí mismo.

Depresión: en este periodo la persona empieza a asumir de forma definitiva la realidad y esto genera sentimientos de tristeza y desesperanza, junto con otros síntomas, como aislamiento social o falta de motivación.

Aceptación: es la llegada de un estado de calma relacionado con la comprensión de que la muerte y otras pérdidas son fenómenos naturales en la vida humana.

Cuando el duelo se debe a una enfermedad terminal, suelen darse reflexiones con respecto a la propia vida, vista en retrospectiva. Escuche al otro si lo necesita en este caso.

¿Cómo enfrentar su duelo?

  1. 1. Reconozca la fase del proceso en el que está y sus características. Actualmente el duelo deja de ser natural por la falsa tendencia a estar “siempre bien”.
  2. 2. Busque ayuda en grupos como familia, amigos, vecinos, pareja o en el tipo de religión que profese. Admita que un duelo también puede necesitar ser acompañado por psicólogos, médicos o psiquiatras.
  3. 3. Desmitifique creencias del duelo. No lo asocie a debilidad (entendida como que ser fuerte es no llorar), tampoco sienta remordimiento ni culpa. Todas las personas reaccionan diferente frente a las pérdidas.
  4. 4. Acepte y enfrente el dolor, sienta el derecho a estar triste y a llorar.
  5. 5. Evite tomar decisiones apresuradas, como cambiar de casa, donar los elementos personales de quien falleció, vender la residencia, cambiar de empleo o mudarse de ciudad. Muchas veces se generan reacciones dolorosas posteriores al duelo.
  6. 6. Esté atento a síntomas que pueden ser una alerta, como recurrir al alcohol, ensimismarse en el trabajo o estudio, somatizar el dolor, dejar de comer o hacerlo en exceso. Busque ayuda si siente que hay situaciones que se están saliendo de control.

 ¿Qué decirle al otro?

  1. Las palabras mágicas no existen. Muchas cosas se dicen solo con un abrazo. Dispóngase a escuchar sin juicios, ni criterios morales o sesgos religiosos.
  2. Propóngale al otro una oferta concreta: “¿te acompaño o te pido la cita médica?, ¿te ayudo a hacer el mercado, a cocinar o vamos a comer?” No es útil decir: “si necesitas algo, me avisas”, pues muchos no se motivan a pedir ayuda.
  3. Pregunte de corazón “¿cómo estás?” y escuche la respuesta. También son útiles preguntas como: “¿qué necesitas?, ¿cómo te sientes?, ¿cómo pasó lo que pasó?, ¿te ayudo en algo?”.
  4. Diga “lo siento” o “mi sentido pésame”, que significan “estoy aquí para ti”. Expréselo con la mirada y la actitud.
  5. Deje a un lado frases de cajón como “¿por qué llora tanto si fue buena hija?, él está feliz en el cielo, las flores son mejor en vida”. Estas se emiten muchas veces sin pensar y pueden ser imprudentes.
  6. Las conversaciones, aunque sean triviales, disminuyen la carga ansiosa. Es natural hablar de quien fallece para validar su historia.
  7. No tome decisiones por la persona como no llevarla al funeral, tranquilizarla con medicamentos, sacar las pertenencias del fallecido. Mejor inclúyala, ella debe decidir.

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