Comprensión y bondad como respuesta Comprensión y bondad como respuesta

Las rabietas hacen parte del desarrollo emocional de los niños. El manejo por parte de los padres ante esto fortalece la autoestima de los pequeños y los prepara para una mejor gestión emocional.

Asesora: Carolina Hoyos Barbosa
Psicóloga, especialista en Salud Mental de Niños y Adolescentes

Las llamadas rabietas no son exclusivas de niños y niñas consentidos como muchos piensan, tampoco es una señal de que papás y mamás no están haciendo bien las cosas. Estos episodios de llanto, gritos y frustración son naturales en los pequeños y hacen parte de su desarrollo socioemocional, como explica Carolina Hoyos Barbosa, psicóloga especialista en salud mental de niños y adolescentes. “Ellos van construyendo su identidad poco a poco y afirmando sus singularidades y decisiones, oponiéndose a algo o manifestando a través de estas conductas necesidades que tal vez no han sido leídas por sus padres”.

Generalmente, se dan desde los 18 meses y pueden durar hasta los cuatro o cinco años de edad. En la mayoría de los casos se presentan porque los padres, al no comprender lo que sus hijos están expresando, no logran responder satisfactoriamente a sus necesidades. Por ejemplo, si están cansados, frustrados, o sienten alguna molestia. “Los niños en esta etapa no saben expresar por medio del lenguaje lo que sienten, no tienen la capacidad de aliviar su malestar y ponerlo en palabras, entonces buscan exteriorizarlo por medio de sus emociones”. Sin embargo, no todos los pequeños pasan por este momento, la especialista agrega que cada niño es único y tiene características diferentes, en este caso se trata de niños más tranquilos o padres que efectivamente han mentalizado y comprendido las necesidades emocionales de sus hijos.

Etiquetar las rabietas negativamente y manejarlas de la misma forma podría generar un efecto nocivo a largo plazo, entonces comprenderlas es una oportunidad para que el niño se sienta escuchado y fortalezca el vínculo con sus padres, porque ellos son los responsables de regular emocionalmente a los niños en los primeros años. Por eso, si responden con la misma actitud e implementan gritos o palabras fuertes para calmarlos, los pequeños entenderán que por medio de la fuerza y la violencia verbal se pueden conseguir las cosas, generando sentimientos de incomprensión y afectando su autoestima.

Responder de forma autoritaria o generar temor en los niños nunca será la solución. Hay papás que incluso complican la situación con su irritabilidad y enojo y, en lugar de generar soluciones, crean nuevos problemas. Si esa situación se vuelve repetitiva tiende a quedarse con los niños y con el tiempo puede llegar a afectar su salud mental, la relación con ellos mismos y con sus padres.

Papás atentos y generosos

La especialista Carolina Hoyos explica que en este punto es indispensable el principio de la generosidad. “Si papás y mamás tratan de comprender qué hay detrás de esas explosiones emocionales y de asumir una actitud positiva frente a lo que el niño puede estar sintiendo, esa mirada generosa les va a permitir entregar una respuesta más acertada y cercana a lo que el niño necesita”.

Los niños aprenden a regular sus emociones por medio de la actitud de sus padres. Ellos son los primeros traductores que tienen los pequeños frente a la vida. “Un niño resentido e incomprendido puede ver el mundo con un filtro diferente, por eso un tipo de crianza con bondad y empatía los va ayudar a vivir en sociedad de una forma más bonita, a comprender mejor las emociones propias y las de otras personas, a ser conocedores del entorno y contexto que los rodea”, afirma la psicóloga.

Esta también puede ser una oportunidad para educarlos en la tolerancia y enseñarles que hay cosas que no se pueden controlar. Esta es una habilidad indispensable cuando se llega a la adultez y es mejor fortalecerla desde la primera infancia.

Concluye la especialista que para los papás es clave entender que sus hijos son niños y que su desarrollo todavía no está completo. “El lóbulo prefrontal, encargado del control de las emociones no se desarrolla hasta la adolescencia, y hay papás que no lo entienden y tienen unas expectativas parentales desajustadas para la edad del niño”. Que las llamadas pataletas sean una oportunidad de comprensión y de crear vínculos más fuertes y de educar niños pacientes, empáticos y generosos.

La buena comunicación entre padres e hijos desde la primera infancia fortalece la capacidad de respuesta y de resolución de problemas de los niños.

Después de la rabieta

  1. Los niños van a sentirse cansados y vulnerables. Esta es la oportunidad para acercarse, darles un abrazo, demostrarles incondicionalidad.
  2. No hay que sancionar estas emociones ni justificarlas con palabras de consuelo. Al contrario, es bueno que los padres le expliquen a los niños que no hay emociones buenas o malas, todas existen en cada persona y cumplen una función.
  3. Velar por la salud física y emocional de los niños. En los más pequeños el llanto y la frustración son señales que debemos buscar interpretar. Darle importancia a las emociones en la infancia prepara el camino para una buena salud mental en la adultez.
  4. Cuidar la alimentación de los niños, las horas de sueño, descanso y recreación. Estas tienen relación directa con las emociones.