Cuando el cuerpo habla a través del dolor Cuando el cuerpo habla a través del dolor

Este signo de alarma merece cuidado cuando aparece. Al momento de atenderlo hay que aprender a distinguir si es crónico o agudo.

Asesor: Tiberio Álvarez Médico anestesiólogo, especialista en Alivio del Dolor

Las manifestaciones de dolor son diversas —hormigueo, picazón, ardor, molestia— y, muchas veces, inexplicables, por lo que cada día la medicina trabaja para que tanto pacientes como médicos aprendan a distinguirlo, expresarlo y tratarlo.

Una misma persona puede experimentar a lo largo de su vida sensaciones de dolor más o menos intensas, más o menos molestas, más o menos insoportables. Por eso se habla de que cada individuo tiene un umbral del dolor, que en pocas palabras es “una medida sobre la capacidad de reaccionar frente a cualquier estímulo. Cada quien tiene un umbral diferente, que depende de muchos factores. Hay pacientes que pueden estar débiles porque presentan una enfermedad crónica, entonces generalmente tienen un umbral bajo”, detalla el médico anestesiólogo y especialista en Alivio del Dolor, Tiberio Álvarez Echeverri.

Frente a lo anterior, el especialista explica que hay umbrales tan bajos que se consideran una hiperalgesia, es decir, una sensibilidad extrema al dolor que reacciona ante cualquier estímulo, incluso al tacto con la ropa, por ejemplo.

Tipos de dolor

Cuando aparece el dolor es porque el cuerpo está expresando que algo no anda bien, así que es necesario aprender a distinguir su causa para saber comunicarlo al acudir a un especialista.

Los dolores pueden ser de dos tipos: agudos o crónicos. Los primeros aparecen de un momento a otro y por una razón más fácil de detectar y tratar, mientras que los crónicos se experimentan durante un tiempo prolongado y no necesariamente son curables.

“Los agudos ocurren por un trauma, una herida, una cirugía, una fractura, entre otros, y tienen la característica de que son más fáciles de tratar. No hay tanta depresión como en el dolor crónico. Generalmente, después de corregir la causa que los produce hay una esperanza de recuperación rápida”, añade el doctor Álvarez Echeverri.

En cambio, los dolores catalogarse como crónicos cuando se prolongan por más de tres meses sin alivio; como por ejemplo los experimentados por pacientes con cáncer, tumoraciones, artritis o algunas enfermedades neurológicas.

Aunque la clasificación médica para el dolor generalmente instala esta sensación desagradable en los dos tipos mencionados, a consulta llegan personas que también experimentan dolor sin que haya un daño o una explicación, lo que comúnmente se conoce como “dolor psicológico”. “No encontrar la causa no quiere decir que se puedan dejar sin tratamiento. Para aliviarlos, se deben reconocer y ofrecer diferentes programas”, detalla el anestesiólogo.

Expresar y palpar el dolor

Debido a que es una alerta, el especialista recomienda asistir a consulta médica lo antes posible para determinar las causas. “Algunos, como sabemos, no dan espera a la consulta, sino que la obligan”.

El éxito del tratamiento depende de la forma en que este se expresa durante la atención. Por lo tanto, es fundamental decir la verdad, tratar de identificar claramente el tipo de sensación que produce y especificar el momento en que empezó a experimentarse.

Responder todas las preguntas que hace el médico puede orientarlo para ayudar a detectar su causa. “Es lo que en medicina se conoce como la anamnesis, es decir, el interrogatorio que se le hace al paciente para recopilar información que indique cuándo, dónde y cómo empezó el dolor. En esa conversación van apareciendo unos descriptores verbales que hacen que uno sospeche cuál puede ser la causa”, explica el médico.

De igual forma, el doctor Álvarez recuerda a sus colegas la importancia de palpar y atender los signos asociados al tacto, tales como gestos, quejidos, entre otros. “Ante el paciente con dolor siempre hay que quitarse el sombrero y comprender que en cada persona con dolor hay sufrimiento, angustia o miedo”•

Durante la historia

Pese a que a lo largo de la historia las diferentes civilizaciones se han encargado de entender y aliviar el dolor, este comienza a tener una relevancia mayor a mediados de la década de los 60, cuando se crearon las primeras clínicas dedicadas a su tratamiento. “Entre los años 60 y 70 empezó lo que uno podría llamar una revolución silenciosa en el alivio del dolor, que ha ido evolucionando al punto de que hoy podemos hablar del estudio especializado”, señala el médico Álvarez Echeverri.

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