Cuando la rutina es  moverse Cuando la rutina es  moverse

El ejercicio es un aliado integral para el adulto mayor; favorece su sistema cardiorrespiratorio y la salud emocional. Algunas ideas para integrarlo en el día a día.

Asesora

María francisca echeverri, Médica geriatra

El envejecimiento no es sinónimo de estar agachado, de moverse más lento ni de verse más débil; su principal característica es la falta de fuerza. La geriatra, María Francisca Echeverri, expresa que “podemos tener hábitos alimenticios muy saludables, pero en la vejez es natural que la masa muscular se pierda, y que la grasa se apodere de nuestro cuerpo. Esto hace que no tengamos energía ni nos sintamos bien”. Y la mejor herramienta para neutralizar esa sensación es la actividad física.

La especialista explica que hacer ejercicio es moverse con cierto ritmo y capacidad de ir un poco más allá de los movimientos que normalmente realizamos. “Teniendo esto en cuenta, ninguna rutina está prohibida para el adulto mayor: todos pueden intentar cualquier tipo de entrenamiento”. Asimismo, acompañados de una buena hidratación, el ejercicio es efectivo para tener un buen equilibrio, mejorar la atención y la memoria, también para tener una buena digestión y dormir plácidamente en las noches.

Ejercicio en todo momento

Los abuelos pueden aprovechar cualquier lugar para ponerse a prueba; por ejemplo, en la casa. “Mientras la están organizando, cuando se están bañando; todas estas tareas exigen que el cuerpo se mueva. En la comodidad de la sala pueden tomar una escoba, ubicarla de forma horizontal y con ella girar la cintura hacia los lados. Esto mismo puede repetirse con una sombrilla o un bastón. Yo les recomiendo mucho tomar dos botellas de agua o gaseosas vacías y llenarlas con arena o fríjoles. Esas podrían convertirse en un par de pesas, que sirven para incrementar la fortaleza en los brazos […]. Se trata entonces de ir más allá, de tener una disciplina y una rutina establecida”, apunta María Francisca.

La especialista resalta que otra opción es el entrenamiento cardiovascular, especialmente la natación y los hidroaeróbicos. “Estirarse, caminar o saltar en el agua; aconsejamos todo lo que puedan hacer en una piscina”.

Para las personas que no están acostumbradas al deporte y buscan iniciar su práctica, la profesional aconseja empezar con movimientos reposados y con el tiempo aumentar su intensidad. Esta recomendación también aplica para los pacientes con un diagnóstico o enfermedad controlada. “Pueden entrenar, a menos que, desde los pulmones o el corazón, tengan alguna contraindicación. En este caso es necesaria la intervención médica”, afirma María Francisca.

Desde las dinámicas corporales se puede lograr que el adulto mayor se vuelva mucho más independiente; es un hecho que mejoran sus procesos depresivos y melancólicos cuando incluyen la actividad física en su día a día, sobre todo, cuando lo hacen acompañados de otros abuelos. “Esto les da una fuerza mental que, de alguna manera, se ve reflejada en las habilidades y energías del cuerpo”, concluye la geriatra

150 minutos de actividad física semanal recomienda la oms. la rutina puede empezar en casa.

Otras alternativas: hacer yoga, bailar y bolos

Existen opciones que le permiten al adulto mayor mover su cuerpo de forma rítmica, mantenerse fuerte mientras concibe una nueva afición y conocer nuevas personas; por ejemplo, el baile y el yoga. “La danza mejora muchísimo el ritmo y la motricidad. Los lleva a tener buena orientación y precisión, a tener movimientos mucho más finos. El baile, por el recuerdo, les hace evocar y entrenar la mente. Si los adultos bailaran mínimo una hora, dos veces a la semana, sería ideal”, enfatiza la geriatra.

Con respecto al yoga, Echeverri subraya que “es mucho más que meditar o sostener una postura. Su práctica mejora el equilibrio, la elasticidad y oxigena el cuerpo. También incluye ejercicios de respiración que son muy importantes”.

Resalta la experta que hay disciplinas como los bolos que, si bien con los años han perdido vigencia, “resulta ser un deporte muy pertinente que les exige la parte superior del cuerpo, la precisión y les permite calcular las distancias”.