Cuando la sensibilidad es en alta frecuencia Cuando la sensibilidad es en alta frecuencia

Las personas consideradas altamente sensibles perciben su entorno de una manera más profunda. No es un desorden sino un rasgo de personalidad.

Asesora: María Andrea Ramírez
Psicóloga clínica

Algunas veces las personas contienen sus emociones para evitar señalamientos y es común que los padres les digan a sus hijos que no lloren, o que eviten gritar de entusiasmo, o aún escuchar la gastada frase: “los hombres no lloran”. Por diversos asuntos culturales la sensibilidad se ha estigmatizado negativamente y se ha entendido como sinónimo de debilidad.

La psicóloga clínica María Andrea Ramírez explica que el afán de mostrar la imagen de fortaleza y seguridad implicaba no demostrar las emociones. “Tradicionalmente, por ejemplo, la mujer era asociada con lo sensible y, por ende, con la debilidad. Esta es una carga negativa, reprimir las emociones puede derivar en problemas de relacionamiento, baja autoestima y ansiedad. La emociones son humanas, adaptativas y necesarias en todos los individuos”, comenta.

Lo que es seguro es que hay quienes tienen la capacidad de vivir las emociones de una manera mucho más intensa, esas son las personas que se han reconocido como altamente sensibles (PAS). La terapeuta Alane Freund, especialista en Alta Sensibilidad, en su charla de Google Talks: Entendiendo a las personas altamente sensibles, indica que esto no se trata de un desorden o trastorno. Tampoco es introversión o neurosis. Es un rasgo específico de la personalidad, “un cerebro que es altamente reactivo”. Lo anterior permite que perciban fácilmente y en detalle su entorno.

La psicóloga María Andrea Ramírez habla de ciertas características particulares de las PAS. Lo primero es que reflexionan profundamente la información que reciben de su contexto, tienden a saturarse y sobrestimularse, y por lo tanto a estresarse con facilidad. También, su emocionalidad es muy fuerte, lo que los lleva a ser muy empáticos; además, su actividad sensorial es aguda.

“Son personas que conectan con los demás, los entienden bien. Les duele el sufrimiento ajeno y sienten la necesidad de ayudar. Suelen ser intuitivas, creativas, relacionarse con el arte y la naturaleza. Son observadoras, perciben sonidos, olores y detalles. También se alteran fácilmente por ruidos inesperados o ambientes congestionados. Cuando una decisión o algo las lastima, lo viven muy fuerte, sienten mucho”, añade Ramírez.

No es hipersensibilidad

Aunque suenan parecidas, la alta sensibilidad es diferente de la hipersensibilidad. Mientras la primera es un rasgo de personalidad, que responde a una forma de sentir y de vivir, la hipersensibilidad es una reacción ante el ambiente. Implica irritarse fácilmente, ser susceptible a lo que digan o hagan los otros, tomarse los asuntos personalmente y actuar a la defensiva. Esa actitud proviene de distintas experiencias de vida o a la historia personal y no como tal a un factor innato.

“No necesariamente las personas altamente sensibles son hipersensibles, ni al contrario. Alguien altamente sensible puede ser hipersensible en una circunstancia adversa, como un duelo, por ejemplo, o en escenarios de mucho estrés. Lo mismo que cualquier otra persona que no es hipersensible, pero alguna situación lo vuelve así. Son acciones que se pueden identificar y trabajar”, dice la especialista.

Expresarse es la vía

La alta sensibilidad es un rasgo, de carácter biológico, que siempre va a estar ahí. “La idea es aprender a gestionar las emociones para vivir más tranquilamente con esa alta sensibilidad, pero no se deja de ser PAS”, señala psicóloga. Por eso, la especialista reitera la importancia de expresar las emociones sanamente.

“Las emociones nos enseñan algo en cada momento y nos ayudan a adaptarnos a las diferentes situaciones de la vida. Se trata de expresarlas de la mejor manera”, advierte la psicóloga clínica. Por eso, una recomendación para las personas altamente sensibles es aprender a identificar esas emociones, sobre todo las más frecuentes. “Reconocer qué me pone feliz o triste, qué me da rabia, ante cuáles soy más sensible y cómo suelo reaccionar”, comenta la psicóloga.

También es válido enseñarles a las personas más cercanas sobre esa alta sensibilidad propia y explicarles que se está intentando darles salida a esas emociones de una manera sana, sin hacerle daño a nadie. La respuesta entonces no es evitarlas o ignorarlas. “Las emociones pasan por algo, lo negativo o positivo es cómo las manifestamos”, concluye Ramírez.

Por su capacidad para conectar con sus emociones y las de los demás, las personas altamente sensibles se caracterizan por su empatía.

20%  de la población mundial son personas altamente sensibles, indica la terapeuta Alane Freund en una charla.