De anónimos a sobrios curiosos De anónimos a sobrios curiosos

El movimiento de The Sober Curious (los sobrios curiosos), que promueve divertirse sin beber licor, pone sobre la mesa los efectos de la ingesta de esta sustancia en la vida de las personas.

Asesor
Esteban Camilo Pérez, médico general y residente de Psiquiatría y Salud Mental

Tomarse una o muchas copas de vino, aguardiente, ron o cualquier otro licor en fiestas o encuentros en que se comparte con amigos o familia es una práctica social aceptada y arraigada en diferentes culturas, pese a que la evidencia científica asocia al consumo de alcohol a diversos tipos de enfermedades.

Sin embargo, un movimiento conocido como los sobrios curiosos (the sober curious), que impulsan jóvenes en diferentes países, se está encargando de desmitificar que solo es posible la diversión cuando la bebida alcohólica está de por medio.

Un artículo recientemente publicado por USA Today, que hace énfasis en el sentido de este movimiento, destaca que personas de diferentes regiones del mundo —sobre todo las que se inscriben en la generación de los millennials— se están declarando abiertamente abstemias y lo promueven en sus encuentros y redes sociales como una práctica de bienestar.

Incluso, han motivado la creación de bares con políticas de cero alcohol, en los que se venden bebidas que simulan los tragos tradicionales, y alientan en sus redes sociales el no consumo como algo sexy.

Un asunto de salud pública

El ser abstemio como tendencia, que anteriormente parecía solo relegado a los grupos de Alcohólicos Anónimos, es una moda que no pasa desapercibida cuando se tienen en cuenta los efectos del alcohol.

La tendencia está en línea con las consideraciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la reducción del uso nocivo del consumo de alcohol incluidas en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Entre las principales razones por las que esta organización vigila muy de cerca los efectos del consumo de esta sustancia se encuentra el que causa unas 3 millones de muertes en el mundo cada año y el que puede desencadenar unas 200 enfermedades.

El médico general Esteban Camilo Pérez Pérez explica que el consumo de alcohol afecta muchos hábitos de la persona que lo ingiere, e incide en factores biológicos, su entorno social y psicológico.

“Puede causar muchos tipos de enfermedades, no solo en el hígado, sino que otros órganos, como el corazón, los riñones, los ojos y el cerebro, se ven afectados. En la parte social, además de todo el estigma que implica ser un alcohólico, porque genera una dependencia, se convierte en un problema cuando empieza a fragmentar las actividades de la vida diaria”, asegura.

El doctor se refiere a comportamientos como no asistir al trabajo porque se está enguayabado o se presentan síntomas de lo que se conoce como la abstinencia alcohólica aguda. Esta última situación puede desencadenar problemas mayores, como bajar la productividad de la persona, porque todo se lo gasta en bebidas, o incluso el tornarse violenta con su familia o cercanos.

Sobre si el consumo debe ser cero, como lo promueven los sobrios curiosos, o existe un nivel seguro, el médico señala que la recomendación de la OMS es una vida libre de alcohol, ya que sus consecuencias no son buenas en ningún caso.

“Antiguamente se atribuía al vino y a otras bebidas alcohólicas un carácter milagroso o divino, debido a que alargaba la vida. Sin embargo, lo que ocurría es que el proceso de destilación y fermentación de la época destruía los microbios que permanecían en el líquido, por lo tanto, las personas que lo ingerían se enfermaban menos, comparadas con quienes tomaban líquidos provenientes de agua, como ríos y pozos sin ningún proceso de potabilización. En la actualidad, existen estudios que señalan que ingerir una copa de vino diaria disminuye el riesgo de disfunción sexual en los hombres, incluso mejorando su líbido, pero no se han publicado comparaciones de estos posibles beneficios, versus los riesgos. Por lo tanto, no es posible realizar una recomendación médica respecto a la ingesta de licor diaria”, dice el experto.

Asimismo, señala que el divertirse sin alcohol más que una posibilidad a contemplar es un deber de todo ser humano.

“Aunque el alcohol es socialmente aceptado y tiene un constructo social milenario, es una droga más, pues produce un estado de intoxicación aguda. La embriaguez genera un estado de abstinencia, que es el guayabo, y puede producir dependencia, que se evidencia en esas personas que dejan toda su vida por la necesidad de estar bebiendo alcohol”, asegura el médico.

Mantener el control sobre las bebidas embriagantes resulta más complejo para las personas con cierta disposición a la adicción, por lo que en lugar de simular ingerir tragos que contienen cero alcohol, la recomendación del especialista es evitarlos.

Para todas las personas, aún aquellas que no consideran que el alcohol les afecte la vida, vale encontrarles alternativas a los planes en los que la bebida es esencial. Ir a comer, realizar actividad física, fomentar la diversión sana en familia o citarse para tomar un café son algunas posibilidades

Efectos del alcohol en el cuerpo

De acuerdo con la Guía estilos de vida saludables, de la Alcaldía de Medellín, el consumo reiterado de alcohol puede afectar diversos órganos del cuerpo, así:

Cerebro: pérdida de la memoria, el autocontrol o la capacidad de concentración.

Corazón: palpitaciones, pulso acelerado y presión baja.

Hígado: hipoglicemia, problemas en el metabolismo, náuseas o vómitos.

Riñones: aumento en la producción de orina y deshidratación.

Pulmones: respiración acelerada.

Estómago: aumento en la producción de jugos gástricos, así como la erosión de la mucosa.