El apasionante mundo del sueño infantil El apasionante mundo del sueño infantil

El apasionante mundo del sueño infantil

CON TU MENTE 1 December, 2014 María Alejandra Tavera


Cualquier padre ha se ha levantado para calmar el sueño alterado de su hijo. Los sueños infantiles acompañan el proceso de formación del sistema nervioso de los niños.

Asesora: Sandra Lorena Agudelo – Psicóloga Infantil adscrita a Coomeva Medicina Prepagada

El sobresalto, el llanto, la risa, los ojos abiertos, las patadas al aire, un grito y luego, el silencio, de nuevo la placidez. Todo en un lapso que puede durar diez minutos, media hora o más. El sueño infantil puede resultar indescifrable para una madre o padre que asumen que cualquier grito en la noche significa que su pequeño está despierto.

Pero no, los niños pequeños, sobre todo los menores de seis años, experimentan alteraciones en la noche que hacen parte de un proceso normal, inherente al acto de dormir. Y el error más frecuente es despertar a un niño que se altera mientras está profundamente dormido.

La doctora Sandra Lorena Agudelo explica algunas de las diferencias más importantes que se presentan entre el esquema de sueños de un adulto y el de un infante. “El sueño es fundamental para el desempeño de las actividades cotidianas, tanto en los adultos como en los niños, aunque en ambos casos existen grandes diferencias. Para empezar, los bebés más pequeños solo tienen dos etapas de sueño mientras que los adultos atraviesan cinco etapas. Adicionalmente, en los niños el sueño cumple una función madurativa, asociada al aprendizaje y al crecimiento, mientras que en los adultos el aporte va dirigido a la adaptación, regeneración y reconstitución”.

Esta especialista explica que, incluso durante las diferentes etapas de desarrollo se presentan variaciones en la manera de dormir de los pequeños. “Según la etapa de desarrollo, el sueño infantil es más superficial y se despiertan más fácilmente que los adultos, esto hace que requieran periodos más prolongados de sueño entre más pequeños son”.

El contenido de los sueños también es un factor diferenciador, dice esta especialista en psicología clínica de los niños. “Los niños pueden reportar recuerdos en los que son perseguidos por animales, fantasmas y marcianos, guerras y ladrones, casi siempre se da por la influencia de películas. En la etapa adulta el sueño permite que se continúe organizando informaciones, asimilando imágenes, recuerdos y pensamientos, en la memoria; pudiendo también encontrar la solución a algún problema o una vía de escape a una situación difícil”.

La realidad mientras duermen

El hecho de que un niño viva tan “intensa y dramáticamente” los sueños, también tiene una explicación en la psicología. “La etapa de desarrollo en la que se encuentren, las circunstancias psicosociales estresantes que puedan vivir y los trastornos de sueño inherentes de su edad pueden dejar la percepción de mayor intensidad al momento de relatar lo que experimentaron durante el sueño. Además en aquellos casos en los cuales los niños presentan problemas de sueño, van a vivir las emociones desagradables de una manera intensa e impactante para su edad, lo que repercute notablemente en la forma de trasmitir lo vivido mientras se encontraba dormido”, dice la experta.

En otros casos, da la sensación de que el niño está completamente despierto, cuando ocurre todo lo contrario. “Esto se debe a una parasomnia llamada sonambulismo, donde el pequeño puede realizar actividades sin ser totalmente consciente de la situación, tiene los ojos abiertos, intenta comunicarse verbalmente y generalmente carece de sentido lo que expresa. También pueden realizar desplazamientos por la casa, se puede levantar de su cama, abrir la puerta de su habitación, buscar alimentos. Esta alteración de sueño con frecuencia es benigna y autolimita. El niño no puede recordar posteriormente lo sucedido”.

¿Qué hacer? En primer término no tratar de despertar al niño o niña. Si se alcanzó a levantar de la cama, es recomendable conducirlo nuevamente a ella y procurar medidas de seguridad para que no se lastime en medio de la actividad onírica. “Estos episodios duran entre 4 y 5 minutos y terminan de manera espontánea, cuando el niño recupere su rutina de sueño. Vale aclarar que el menor no responderá a estímulos externos y lo más probable es que no recuerde el evento”.

Los sueños no placenteros pueden durar hasta los siete años. El contenido se da sobre situaciones de peligro, donde son el personaje principal y no tienen control sobre la situación o sobre su propio cuerpo.

La temida pesadilla

Al crecer un poco más, llega el momento de enfrentarse a aquello que, incluso de adultos, perturba de manera tan directa: las pesadillas. Hay que entender que las pesadillas alteran mucho el sueño infantil. Los niños lloran y se alteran, pero también pueden gritar y manifestar miedo intenso, taquicardia y sudoración.

A estas manifestaciones se les conoce como terrores nocturnos. Y el consejo es el mismo: no despertar al niño. “Se debe evitar despertar al niño o intervenir en el sueño, tampoco se discute sobre el episodio al día siguiente. Lo que se sugiere es fortalecer la higiene del sueño, centrada en la planificación del mismo. Esto tiene que ver con definir y respetar un horario para dormir según las necesidades de la edad, conservar un ritual previo, por ejemplo con la lectura de cuentos o actividades relajantes. Se recomienda cuidar las variables ambientales como el ruido, la luz y temperatura, así mismo, los aspectos fisiológicos que corresponden a horarios de comidas, ejercicio y consumo de cafeína. Paralelamente se aconseja reducir el tiempo frente a la televisión o en video juegos antes de dormir •