En casa o en la calle, no pierda la calma En casa o en la calle, no pierda la calma

Las formas de hacer las cosas han cambiado, lo que exige planear mejor para evitar que el estrés tome control sobre su vida.

Asesor: Juan Carlos Posada
Psicólogo clínico

Cambios acelerados en poco tiempo. La pandemia frenó el estilo de vida que prima la gratificación instantánea y la velocidad para obligarnos a entrar en una nueva cultura de slow life (vida lenta), como la define Juan Carlos Posada, psicólogo clínico, en la que la prioridad es el autocuidado y seguir las medidas de bioseguridad. Para niños y adultos, la nueva normalidad les ha obligado a tener mayor paciencia y comprensión de su nueva realidad.

En el ámbito laboral, pero desde casa, las personas sienten que trabajan más por la polivalencia de roles: además de cumplir con reuniones propias de su función, muchos colaboradores deben supervisar las tareas de sus hijos, además de cocinar. “Eso significa que cambiamos el tiempo de desplazamiento en un vehículo y las horas perdidas en las oficinas con los compañeros, por obligaciones o tareas del hogar. La percepción de tener un mayor número de labores aumenta y no se encuentran usos alternativos del tiempo en casa”, explicó el psicólogo clínico. El desafío es que la socialización, el entretenimiento e incluso el deporte están mediados por el mismo computador con el que se trabaja.

El rendimiento escolar, manifiestan jóvenes y niños —según lo expresado por Posada—, es menor porque en el colegio todo estaba regulado por una campana; había pausas para el descanso y unas metodologías de trabajo presenciales que tenían una administración del tiempo muy específica. Lograr el compromiso en la modalidad virtual es un reto para padres y maestros que deben acudir a estrategias para garantizarlo.

“Es el momento de estudiar menos frente a una pantalla. A las materias más importantes y básicas (matemáticas, castellano, historia, entre otras) hay que darles énfasis pero que el alumno tenga otras para hacer de manera vocacional y exploratoria, es decir, que tenga electivas como en la universidad”, propone Posada. De esta forma el estudiante tendrá la posibilidad de educarse de forma creativa, divertida, y no mediante una rutina que implique estar todo el día en lo digital. Así, hay oportunidad para más talleres vivenciales.

Orden y disciplina

Para gestionar mejor el tiempo en casa como por fuera, la idea es mantener las rutinas. Para ello es conveniente dedicarle a la productividad las ocho horas obligatorias, incluso si no hay un trabajo formal. Se puede dedicar este tiempo a un proyecto personal que ha pospuesto como un emprendimiento familiar, escribir un libro o montar un curso en línea que le dará ingresos extra.

Sin embargo, podría seguirse la regla de las ocho horas: ocho para trabajar, ocho para descansar y ocho para dormir. Entonces, procurar con orden y disciplina realizar pausas activas, divertirse, compartir en familia, sacar el tiempo para el almuerzo y recostarse a una siesta. Ideal no habituarse a hacerlo en la cama para evitar que al regresar a la oficina se extrañen sitios de los que ya no se disponen.

Organizar el día y planear actividades con la ayuda de papel y lápiz, en el formato de listas, hará que haya una sensación de logro luego de que tache cada una de las actividades realizadas. La tecnología puede ser un gran aliado: una app o un asistente virtual es de gran utilidad para crear alarmas de tareas que debe realizar en un tiempo determinado. Es importante calcular tiempos con algunos minutos extra, en especial si las actividades se realizan en la calle, pues debido a las medidas de bioseguridad y a las filas, pueden tomar más tiempo.

Sacar el máximo provecho del “momento Einstein”, esa parte del día en el que la concentración es máxima, el cuerpo se siente pleno, con energía y dispuesto al trabajo. Identificar esa sensación es vital para aprovecharla en las tareas diarias que requieren más esfuerzo o son más complejas.

No todo es trabajo duro: hay que priorizar actividades durante el día, esas que no requieren tanto tiempo o esfuerzo y también es importante obtener pequeñas victorias que alienten al cerebro a seguir adelante y mantengan las emociones saludables.

Ser estratégico es la clave. Dividir las actividades diarias en responsabilidades, obligaciones y gustos puede ser de ayuda a la hora de planear el día. Con base en ello es posible generar nuevas rutinas que sean de utilidad considerando los cambios frente al teletrabajo, la educación a distancia, las compras necesarias y ocasionales así como las salidas a comercios en la calle. En todos estos casos, no hay que olvidar que el autocuidado es una responsabilidad personal.

Hábitos simples para generar bienestar

Los especialistas en salud mental hablan de mantener las rutinas como una forma de controlar lo que se puede frente a un entorno incierto, por ello, se recomiendan las siguientes pautas:

  • Contar con horarios de alimentación establecidos, en especial para los más pequeños. Cuidar que se alimenten en un espacio diferente al que usan para estudiar.
  • Evitar los alimentos cargados de azúcar añadida, como son los ultraprocesados, que de acuerdo con un informe de la OMS (2017): “tienen una calidad nutricional muy mala y, por lo común, son extremadamente sabrosos, a veces hasta casi adictivos; imitan los alimentos y se los ve erróneamente como saludables”. Entre ellos están las golosinas y gaseosas.
  • Realizar una rutina de ejercicio diaria de ser posible a la misma hora para generar un hábito saludable.
  • Ir a dormir a la misma hora. Y desconectarse por lo menos una hora antes de dispositivos tecnológicos que emiten la denominada “luz azul” que puede trastornar los hábitos de sueño.
  • Si se despierta en la noche, lo mejor es salir de la cama y buscar una actividad relajante, al día siguiente no dormir durante el día y al llegar la noche, darse un baño relajante y disminuir la intensidad de luces para poder conciliar el sueño de forma habitual. Si se vuelve habitual el insomnio, consultar al especialista.