Escribir con un objetivo: sanar Escribir con un objetivo: sanar

Escribir con un objetivo: sanar

Armonía en salud 1 August, 2017 Isabel Vallejo


La escritura terapéutica es una alternativa para exteriorizar emociones, para visualizar posibilidades y expresar aquello que, de forma verbal, no fluye tan naturalmente.

Asesora Omaira Giraldo Soto
Psicóloga clínica, coach empresarial y educadora biocéntrica

Dice el escritor japonés Haruki Murakami, que no se le da bien pensar las cosas solo con su cabeza, que logra ponerlas en orden cuando escribe. “Después de usar las manos para escribir (…) al fin soy capaz de ordenar y comprender lo que hay en mi cabeza, que no es mucho más que lo que hay en la cabeza de otras personas”, reconoce en su nuevo libro De qué hablo cuando hablo de escribir.

Tomar un lápiz y empezar a componer frases o teclear al ritmo de ideas y reflexiones es un acto que conecta mente, cuerpo y emociones. Así lo explica Omaira Giraldo Soto, psicóloga clínica y coach, “desde el cuerpo, estoy dándole forma a una idea que tengo: comprometo mi cuerpo y lo ubico en una posición específica para escribir, requiero conectarlo todo para ello”. Es un momento en el que estamos presentes, continúa, en el que se compromete, además, la atención; en el que la persona se toma un tiempo, una pausa para escribir, asegurando la comprensión. Le puede interesar El saludable hábito de escribir sobre papel 

Terapia para todo el mundo

Escribir libera y no es una práctica exclusiva para periodistas, escritores profesionales, filósofos, humanistas o expertos en el lenguaje. Su base es la palabra y esta le pertenece a todos. Cada vez más personas acuden con terapeutas, a cursos y clubes de escritura, o bien, siguen un diario y se toman unos minutos en el día para redactar y dejar salir los sentimientos.

Este tema no es nuevo y en terapias, según Omaira Giraldo Soto, se utiliza hace muchos años, a través de diferentes estrategias como escribir una carta a una persona a la que no se le ha podido expresar algún malestar (aunque no se le entregue) o la repetición de frases y declaraciones, en programación neurolingüística. Sin embargo, hoy es tendencia porque las personas se están atreviendo a probar sus beneficios.

Algo que pudiera parecer tan básico como poner por escrito los planes, las metas que se quieren alcanzar, ejerce un gran poder, en concepto de Alexánder Rodríguez Bustamante, coordinador de la especialización en Terapia Familiar, de la Universidad Católica Luis Amigó. Beneficia “a nuestro yo interno porque estamos deseando que algo se cumpla (…) Esto último depende de cada uno, no hay fórmulas mágicas, pero sí palabras que potencian el deseo de hacer las cosas en la vida, de manera apreciativa, sin marcar la falla o el error consigo mismo o con los demás”.

En las buenas y en las malas

Escribir como terapia se utiliza en ambas direcciones: para liberar emociones dañinas o contenidas, y para materializar lo que se sueña. Cuando hay dolores que no se han podido sacar, explica Omaira Giraldo Soto, escribirlos ayuda a exteriorizarlos y a entender su origen, pues al ver lo escrito habrá una mayor comprensión de las ideas que tenemos y por las cuales no nos desprendemos de ciertos dolores. “El crear una nueva idea a partir de esa comprensión, escribir esa nueva idea, va a ayudar a modificar esa interpretación. Tú lees eso y te das cuenta de ciertas cosas que piensas o que dices. Te da una oportunidad de una reflexión interesante”, sostiene.

En uno y otro caso, se recomienda la orientación de un terapeuta para entender y dirigir las emociones que comenzarán a aflorar en el proceso, en especial, en casos más complejos en los que se requiere, precisamente, encontrar significado a esos sentimientos y memorias para obtener beneficios positivos del ejercicio escritural.

En el artículo Writing to Heal, publicado por la American Psychological Association, se cita a James W. Pennebaker, psicólogo y profesor de la Universidad de Texas, y uno de los principales estudiosos de los usos del lenguaje en la salud mental y física, quien explica que la escritura va de forma paralela con la terapia, porque las personas que hablan una y otra vez de su situación de la misma manera, no mejoran, “tiene que haber un crecimiento o cambio de forma en la que ven sus experiencias”.

Ha encontrado, por ejemplo, que cuando más se usan términos de causa o efecto como “porque”, “darse cuenta” y “entender”, más parecen beneficiarse.

Paz y equilibrio

Cuando perdemos a alguien, por ejemplo, asegura Alexánder Rodríguez Bustamante, “indudablemente el dolor está allí y pasará el tiempo para poder encontrar esa paz y equilibrio. Cuando trazamos unas letras en un trozo de papel permitimos que allí quede lo que sentimos, cómo lo estamos transitando, tramitando y, seguramente, ‘surgirán cosas’. No es una fórmula, cada ser humano ha de ocuparse de sus asuntos internos personales. Es por esto que la escritura implica habituarse, ser creativo, quitar etiquetas, poner en perspectiva los nuevos y viejos deseos, plantear perspectivas de vida y cambiar de un paradigma derrotista a otro proactivo”.

Cuando escriben, quienes no pueden expresarse con fluidez, consiguen desahogarse, afirma Giraldo Soto. Agrega, que aquellos que no tienen la facilidad de establecer conversaciones complejas y que “terminan tragando y tragando”, les ayuda escribir, porque les permite planear lo que van a decir, de tal manera que cuando la van a hacer pública, van más seguros.

Ella usa la escritura en sus sesiones de coaching y “ha sido una herramienta muy útil, pero tengo claro que no es aplicable para todo el mundo”.

El primer paso es atreverse. Empezar a escribir, realizar ejercicios para convertirlo en un hábito, comprometerse y buscar apoyo experto si se quiere un mayor efecto. Hay que tener presentes las palabras de algunos psicólogos que utilizan la escritura con sus pacientes y que se citan en el artículo de la American Psychological Association: “Después de todo, el poder de la escritura para curar no radica en la pluma y el papel, sino en la mente del escritor”.

La ventaja de la escritura terapéutica es que la persona no tiene que atender a normas o reglas, sino que se puede expresar más libremente, con el fin de que comience a elaborar sus procesos internos.