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Aunque el cambio es algo cotidiano, en ocasiones puede ser difícil de asimilar. Aquí algunas claves para lograrlo.

Asesoras: Maribel Chaverra, psicóloga y terapeuta de pareja
Laura Moreno, psicóloga

Los seres humanos cambiamos todos los días. Así lo señala la terapeuta de pareja Maribel Chaverra, de Sentido y Realidad: “Diariamente nuestras células se renuevan y cumplimos ciclos, después de la primera década de la vida, cada diez años hay un cambio en el desarrollo”, por eso es normal que las parejas comprometidas en un proyecto común vivan esas diferentes etapas del desarrollo de cada quien, pero también es normal que algunos cambios sean más difíciles de asimilar que otros. Hablamos de cambios físicos producto de nuevos hábitos, la enfermedad o el paso del tiempo; pero también de modificaciones en la actitud o en la situación externa, como la pandemia que se está atravesando.

Lo importante, de acuerdo con Chaverra, es tener en cuenta el pacto que se hace de acompañar al otro sin importar las circunstancias. “Si nos comprometemos con otra persona a compartir la vida, el deber ser es acompañarlo en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, así no haya mediado ritual”. Si bien el deber es acompañar, es preciso compartir lo que sucede, de forma que se pueda discutir y asimilar.

Cuando la alteración es física, la psicóloga de Mis Terapias, Laura Moreno, recomienda tratar de reconocer por qué nos molesta. “Puede ser que le recuerda a alguien del pasado, ya no le guste como se ve su pareja o le genere algún tipo de inseguridad. La idea es preguntarnos por qué es importante para nosotros ese cambio y qué es más relevante en la pareja, si su forma de ser o su aspecto físico, y cómo se puede crear un balance entre estas cosas, llegar a un proceso de aceptación. El otro es diferente, no siempre va a satisfacer todas nuestras necesidades y no siempre va a ser el ideal. Lo que no podemos modificar o controlar de la otra persona, hay que aprender a asumirlo”.

Ya cuando decide compartir su incomodidad con el otro, es importante encontrar la manera adecuada. Primero, recomiendan las especialistas, es preciso hacer un proceso interno y luego comunicarse de manera asertiva: preparar el terreno, preguntar si lo quieren escuchar y encontrar el espacio adecuado. “Debemos hablar en forma de opinión, proponer soluciones y hacerlo desde la serenidad. Si estoy tranquila cuando me acerco, voy a transmitir esa tranquilidad y puedo servir de apoyo si el otro se descompone”, afirma Chaverra.

Diferencias irreconciliables

Cuando las parejas afrontan grandes cambios individuales, es clave tomarse el tiempo de observarlos y no permitir que el impacto inicial rompa con lo construido durante años. “La emoción del momento me puede hacer pensar que ya no siento lo mismo por el otro, pero hay que explorar con mayor profundidad si el sentimiento es real, tal vez puedo volver a sentir cosas por esa persona o empezar algo nuevo. Si decidimos enfrentar la situación por medio de la ruptura, no hay que dejarse embargar por la compasión, sino reconocer y encontrar ese sentimiento, comunicarlo de manera honesta y tomar una decisión buena para las dos personas”, aconseja Moreno. No importa si la transformación fue producto de alguna situación trágica, es mejor hablar con sinceridad y si la otra persona lo permite, continuar acompañándola desde la amistad.

Este es uno de los motivos más frecuentes de visita en el consultorio de Chaverra, sin embargo, la terapeuta ha podido analizar con sus años de experiencia que los problemas no se deben a los cambios en sí, sino a las fallas de comunicación que se presentan alrededor de los mismos, por ejemplo, por no reconocer cómo nos afectaron estas alteraciones y expresarlo a tiempo o con claridad. “La crisis mundial no vino a traer problemas en la relación de pareja, sino que despertó todo lo que había dentro, sacó una cantidad de situaciones que no conocíamos o que no sabíamos manejar y ahora tenemos que adaptarnos a ellas, reestructurar nuestros acuerdos y evitar que se nos convierta en un conflicto. La ruta de acción es parar, evaluar y hacer lo que nos está pidiendo la relación, tomar decisiones para protegerla o rescatarla, porque hicimos un proyecto de vida conjunto y, así el cambio sea individual, es algo que nos está pasando a los dos, lo que es una ventaja, pues hay un apoyo. Otros ojos para ver el panorama”.