Hacerle frente a la artritis Hacerle frente a la artritis

Hacerle frente a la artritis

Antes de 1 February, 2017 Isabel Vallejo


Este padecimiento que impacta principalmente a las personas mayores de 60 años, se previene con hábitos de vida saludables desde la edad temprana.

Asesora María José Jannaut Peña – reumatóloga, adscrita a Coomeva Medicina Prepagada

Cerca de la mitad de las personas mayores de 60 años padecen artritis relacionada con el desgaste articular. Esta es más conocida como osteoartrosis y su severidad varía de un caso a otro. Esto dependerá, en gran medida, de nuestros hábitos de vida, así como de algunas anomalías que se hacen evidentes con el tiempo.

Dentro de hábitos que pasan factura más adelante está el uso de tacones permanentes o de zapatos inadecuados, las lesiones deportivas no atendidas, los sobreusos articulares durante el trabajo. Todos estos factores pueden definir cuáles articulaciones tendrán un mayor desgaste.

En cuanto a las anomalías congénitas están los problemas de las caderas de las niñas. Cuando estas pasan desapercibidas y sin tratamiento pueden afectar la vida de las articulaciones. Otro problema que repercute en la vida adulta es cuando las personas tienen un miembro más largo que el otro.

CUESTIÓN DE HÁBITOS

Cuando somos jóvenes no nos preparamos para envejecer porque pensamos que ese proceso está muy lejos.  Los adolescentes consumen tabaco sin conocer las consecuencias, abusan del alcohol, aumentan de peso y olvidan el ejercicio.

No obstante, nuestros hábitos juveniles definen nuestra calidad de envejecimiento.  Se requiere entonces de políticas de salud pública que muestren con claridad como el ejercicio y la dieta adecuada son elementos vitales desde que nacemos hasta que morimos. Nuestros niños de hoy están creando hábitos de vida que los definirán en el futuro.

Pero no todas las artritis están asociadas al envejecimiento. Existen aquellas de origen inflamatorio que ocurren a cualquier edad, sin importar el sexo. Estas pueden comprometer las articulaciones periféricas como manos o rodillas y en otros casos el esqueleto central, es decir, la columna y las articulaciones sacroilíacas.

“En su mayoría tienen algunos factores genéticos de predisposición pero también hay elementos del medio ambiente que favorecen su aparición. El más importante es el hábito de fumar, responsable de cambios irreversibles en ciertas proteínas que estimulan la aparición de la artritis reumatoide”, indica la especialista.  También están en esta lista algunas infecciones de vía aérea alta, urinarias e incluso sexualmente trasmitidas.  Aparentemente estos elementos externos interactúan con los genes para desencadenar estas enfermedades.

No siempre es fácil diferenciar enfermedades de origen degenerativo de las  enfermedades inflamatorias o las mecánicas ya que en muchas ocasiones los síntomas se parecen mucho. Por eso es fundamental que un experto defina con exactitud el origen de los síntomas para que se tomen los tratamientos adecuados. Por ejemplo, una artritis reumatoide no tratada adecuadamente no solo causa dolor, también es desencadenante de infartos cardíacos, infecciones y osteoporosis.

Aunque para un paciente será prioritario el alivio del dolor, para el médico -—y en el largo plazo también para el paciente-—, es fundamental entender la severidad de la inflamación, evaluar la presencia de otras enfermedades, la tolerancia a medicamentos y las consecuencias de la enfermedad mas allá de la articulación que movilizó la consulta antes de fijar el tratamiento.

En Colombia, donde el sistema de salud cubre completamente los medicamentos que alivian la artritis inflamatoria, no tiene sentido que los enfermos con esta enfermedad no tengan acceso a su tratamiento.  “Tampoco tiene sentido que todavía se encuentren personas con enfermedad avanzada por falta de una detección temprana.  Es deber de todos como sociedad propender por la salud ósea y articular en todas las edades, estratos socioeconómicos y condiciones ambientales”, señala la médica Jannaut Peña.

Por fortuna los médicos tienen hoy en día la posibilidad de frenar el daño estructural que causan las enfermedades articulares inflamatorias con medicamentos de óptima tecnología y probada eficacia. También se tienen suficientes herramientas para aliviar el dolor sin importar la complejidad de su origen. Sin embargo, una buena parte de esta tarea corresponde al paciente que debe tomar conciencia de la necesidad de cambiar sus hábitos para lograr una mejor respuesta.

Por ejemplo, mejorarán más rápido los pacientes dispuestos, aquellos que tienen un hobby, que ayudan a otros o que se sienten importantes en el marco familiar.  Y frente al dolor, tenderán a calificar los estímulos como menos dolorosos aquellos que hacen ejercicio con regularidad, que mantienen un peso adecuado para su estructura corporal y que evitan la ansiedad o la depresión haciendo un buen manejo de sus emociones. De esta manera, pueden cambiar el umbral doloroso y contribuir significativamente en el tratamiento.

 En cualquier caso, si se trata de una artritis inflamatoria o de una osteoartrosis, la toma de decisiones deberá ser siempre un proceso compartido entre el médico tratante, el enfermo y su familia, y todos deberán estar enterados de las dificultades que pueden presentarse en el camino y ser conscientes de las variables más determinantes: detección temprana, buen acompañamiento médico, hábitos saludables y muy buena actitud.

1% de la población mundial está afectada por la Artritis reumatoide, según cifras de la OMS.

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