Inteligencia emocional, una ruta para la serenidad Inteligencia emocional, una ruta para la serenidad

Inteligencia emocional, una ruta para la serenidad

Armonía en salud 1 December, 2014 María Alejandra Tavera


Este es un concepto que se acuñó hace casi 20 años en el discurso de millones de personas, pero sobre el cual todavía existen grande enigmas. La inteligencia emocional se adquiere, pero necesitamos fortalecerla.

Asesor: JOSÉ GERARDO ALBÁN Médico especialista en Neurolingüística

Hay personas que uno admira por su capacidad de conciliar, de no descomponerse, de asumir cada dificultad como una oportunidad de cambio. Son hábiles para relacionarse con los demás, tienen la facultad de entender a los otros y superar las diferencias que existan entre ellos. El talento de estos individuos radica en que han fortalecido su inteligencia emocional.

El padre de la psicología conductista es el psicólogo estadounidense Edward Thorndike, que ejerció a inicios del siglo XX. Él fue el primer especialista en hablar de inteligencia social, concepto que luego evolucionó a emocional. En principio fue descrita como “la habilidad para comprender y dirigir a los hombres y mujeres, muchachos y muchachas, y actuar sabiamente en las relaciones humanas”.

“Comienza por pensar en cuál es esa persona que quieres ser y comienza a cambiar para convertirte en ella”, José Geraldo Albán, médico neurolinguista.

Más adelante, el periodista e investigador Daniel Goleman publicó en los años 90 el best-seller Inteligencia Emocional y con ello abrió paso a infinidad de estudios sobre el tema. Así es la definición que este experto brinda: “la Inteligencia emocional es una forma de interactuar con el mundo que tiene muy en cuenta los sentimientos, y engloba habilidades tales como el control de los impulsos, la autoconciencia, la motivación, el entusiasmo, la perseverancia, la empatía, la agilidad mental. Ellas configuran rasgos de carácter como la autodisciplina, la compasión o el altruismo, que resultan indispensables para una buena y creativa adaptación social”.

¿Cómo se logra? En medio de una vida que se rige por principios de competencia y vulnera aspectos como la solidaridad, la comprensión y la cooperación, este es un desafío que se tiene que aceptar. El médico especialista en neurolingüística, José Gerardo Albán, explica que “el 95 por ciento de lo que nosotros somos hacemos, vivimos, sufrimos o padecemos, lo hacemos en ‘automático’ y a ese automático que gobierna nuestra vida le llamamos ‘mente inconsciente’”.

Un proyecto del cerebro vital
Para entender el concepto de mente inconsciente, este experto afirma que hay que basarse en la manera cómo los especialistas han estudiado la evolución del cerebro humano, a partir de tres momentos: el cerebro reptiliano, el cerebro emocional y la neocorteza.

La mente inconsciente se instala en el primero de estos momentos evolutivos. “Una parte, que es la más primitiva y antigua, y a la que llamaron el cerebro reptiliano, está diseñada para manejar la supervivencia desde un sistema binario: huir o pelear, con muy poco o ningún proceso sentimental. Tiene un papel muy importante en el control de la vida instintiva. Se encarga de autorregular el organismo. En consecuencia, este cerebro no está en capacidad de pensar, ni de sentir, su función es actuar”.

En el sistema límbico están las memorias de largo plazo, de las cuales solo recordamos de manera consciente el 10 por ciento, el restante 90 por ciento se instala en el inconsciente junto a los miedos, limitaciones y experiencias negativas. “El problema es que por más que la corteza cerebral intenta vencer estas emociones, el sistema límbico toma control para que aparezcan las fobias, las frustraciones e, incluso, las enfermedades”, agrega el doctor Albán.

Vencer esta presencia nociva en nuestra mente es empezar a sacarle partido al proceso evolutivo de nuestro cerebro, denominado neocorteza. “Esta es la encargada de los pensamientos, define lo que nos diferencia de los animales inferiores y donde se llevan a efecto los procesos intelectuales superiores. Está estructurado por el hemisferio izquierdo y el hemisferio derecho. El hemisferio izquierdo, asociado a procesos de razonamiento lógico, funciones de análisis, síntesis y descomposición de un todo en sus partes. El hemisferio derecho aloja procesos asociativos, imaginativos y creativos y se relaciona con la posibilidad de ver globalidades y establecer relaciones espaciales. La neocorteza se convierte en el foco principal de atención en las lecciones que requieren resolución de problemas, análisis y síntesis de información, del uso del razonamiento analógico y del pensamiento crítico y creativo” •

6 competencias de la inteligencia emocional: autoconocimiento, autorregulación, empatía, relaciones sociales, Influencia Personal y dominio de la visión

En la neocorteza se genera y desarrolla la inteligencia emocional. Entenderlo para la vida cotidiana no es simple, pero se facilita a partir de ciertos principios.
Reconocer mis emociones saber que estoy triste o de mal genio, tengo vergüenza o estoy enamorado.

Controlar mis emociones: Cuando soy consciente que estoy de mal genio entonces entiendo que la culpa no es mi esposa o hijos o secretaria sino que hay algo que me tiene mal y no me desquito con ellos.

Motivarme a mí mismo sin esperar que nadie me diga qué hacer o por qué hacer o cómo hacer. Lo hago porque me nace y no necesito de un jefe.

Reconocer las emociones en los demás se llama empatía saber que si alguien está de mal genio no voy a ir a provocarlo para no empeorar la situación y espero a que se le pase el malestar para poder dialogar.

Finalmente, cuando se manejan las emociones tienes buenas relaciones con todo el mundo.

La inteligencia emocional contribuye directamente al bienestar de las personas. Es responsable de que los problemas cotidianos adquieran su justa dimensión y se resuelvan de una forma práctica y satisfactoria. No almacenar frustraciones, no dejar que la molestia lo domine. Allá está la inteligencia emocional.