Mejorar la relación con la comida Mejorar la relación con la comida

Hay que prestar atención a lo que se come para identificar cuándo se utiliza la alimentación como un alivio emocional.

Asesor Jaime Adams Dueñas – Psiquiatra, adscrito a Coomeva Medicina Prepagada

Estos son tiempos de afanes y tensiones y una de las maneras en que se manifiestan estas caóticas esferas cotidianas es en el hábito de comer. La gente no solo se alimenta “a las carreras” sino también con cualquier cosa que le llene, cumpliendo así con el requisito natural de satisfacer una necesidad básica.

Y si esto es en sí mismo un problema para la salud, consumir alimentos para sortear el estrés, la tristeza o las preocupaciones encierra grandes posibilidades de adquirir trastornos físicos de graves consecuencias, como obesidad o descompensación del organismo. Una situación que los expertos denominan alimentación emocional.

Se caracteriza por la ingesta de alimentos sin que necesariamente exista una necesidad fisiológica real. Es decir, se come no por hambre física sino por hambre emocional, para mitigar situaciones críticas relacionadas con los sentimientos. Saciar el hambre emocional no soluciona los problemas, ellos siguen ahí y las alteraciones las padece el cuerpo con unos kilos de más o de menos.

Estas situaciones normalmente conducen a consumir alimentos calóricos y de baja calidad nutricional que, de convertirse en una práctica cotidiana, degeneran en afectaciones serias para el organismo.

Jaime Adams Dueñas, psiquiatra experto en trastornos alimenticios, asegura que “la gente debe tomar el control de su alimentación, privilegiando el interés nutritivo por encima del antojo o la compensación de un mal momento”.

Atento a las señales

Levantarse varias veces de la cama o del sofá e instintivamente ir hasta la cocina a buscar algo para picar es un síntoma inequívoco de la alimentación emocional. Con esas actitudes la gente está tratando de sublimar en la comida su estado de ánimo, relacionado con angustia, ansiedad, tristeza o depresión. Come para olvidar las penas.

No está mal que, de vez en cuando, alguien quiera permitirse un antojo para sentirse mejor, pero cuando ya es costumbre se convierte en problema. Sucede que la persona no es consciente de ello, por lo que lo convierte en una actividad normal y solo llega a entenderlo cuando su cuerpo le envía señales de alerta: alteración anormal del peso, así como dificultades en el proceso digestivo, etcétera.

Otra manifestación es cuando quien padece este trastorno deja de alimentarse por cuenta de sus emociones o sentimientos. “Esto es considerado un extremo al que hay que ponerle atención”, apunta Adams.

Cuando los signos de alarma aparecen es necesario que cada quien lo advierta y, en caso de no poder controlarlos, acudir al especialista para iniciar un tratamiento pertinente. Lo que seguramente hará el profesional es remitir al paciente a una terapia cognitiva, conductual y de disciplina. Un aprendizaje para saber qué le conviene y qué no al organismo, para establecer unos límites entre lo que se quiere y lo que se debe comer de manera dirigida y consciente.

Otra forma de combatirla desde la medicina es a través de la técnica conocida como mindfoodness, que consiste en alimentarse conscientemente; entendiendo que se come para nutrir el organismo. No es una dieta, sino trabajar la esfera mental y emocional, de tal forma que se pueda desarrollar cierta capacidad de atención de lo que se come. Es establecer el balance correcto para mejorar las funciones humanas. (Puede interesarle: 6 tips para mantener una comida saludable).

“El mindfoodness trabaja en alimentarnos adecuadamente, con autocontrol y conocimiento de lo que se ingiere. Conociendo lo que es bueno y lo que es malo para el organismo. Es un proceso más racional y menos automático”, destaca el experto.

Comer bien, entonces, se trata de disminuir los impulsos por los azúcares y la comida chatarra y remplazarlos por una buena porción de conciencia y responsabilidad. No es comer para suplir carencias sino para nutrir el cuerpo.

Combatir la alimentación emocional

Los expertos sugieren algunas prácticas que pueden ayudar en la lucha contra este trastorno. Se destacan:

  • Comer tranquilamente, sin distractores como la televisión o la música.
  • Masticar lentamente los alimentos.
  • Fortalecer la voluntad para evitar los antojos.
  • Tomar un vaso de agua si hay sensación de hambre, menos de tres horas después de la última comida.
  • Realizar actividad física moderada para disuadir el deseo de comer.
  • Ingerir las tres comidas del día (desayuno, almuerzo y cena), y en los mismos horarios