Reivindicar el ocio Reivindicar el ocio

La inactividad es un aspecto clave en la vida de un ser humano a cualquier edad. Se vale destinar un tiempo para detenerse y disfrutar desde pequeños.

Asesoras: Sonia Ruth Quintero Arrubla,  psicóloga, magíster en Educación
Sandra Juliet Clavijo Zapata, licenciada en Educación Especial, magíster en Desarrollo Infantil

Detenerse. Deleitarse con la vida. Conectarse con uno mismo y con los otros. Tres asuntos que acercan a una concepción del ocio diferente, alejada de los calificativos de “perder el tiempo” y “no hacer nada”.

Inclusive, cuando se supone que no se hace nada, se está haciendo algo, y esto puede sonar ilógico para muchos, pero es así. Desde ordenar el mundo interno, hasta despejar la mente y recargarse de nuevas energías, todo esto ocurre en los momentos de ocio, entendido este como un tiempo destinado al disfrute.

“El ocio es determinante en la vida de cualquier ser humano, sobre todo en este momento en el que nos gana el estar tan activos, porque estoy retroalimentando el espíritu para continuar. El tiempo de ocio favorece la creatividad. En él, todos los seres humanos arreglamos el mundo y después llevamos estos elementos a la práctica”, afirma Sonia Ruth Quintero Arrubla, psicóloga y docente investigadora de la Licenciatura en Educación Infantil en la Universidad Católica Luis Amigó.

Padres muy ocupados con sus empleos y en las actividades propias de sus metas personales y profesionales, y niños, igualmente, con cronogramas planificados que incluyen colegio, tareas y extracurriculares. Una sociedad con la concepción de que producir es la clave para el éxito. Entonces, ¿dónde queda el ocio?

“Un niño cuyo horario está muy planeado no tiene un espacio para el ocio o hasta este tiempo, que es libre, se lo planean. Así, el espacio para uno verificar qué tipo de ser humano está formando se va perdiendo. Y esto está pasando en la casa y en el centro educativo”, agrega Quintero Arrubla.

Desde la infancia debe empezar a reivindicarse el ocio como un elemento fundamental en la vida. Sandra Juliet Clavijo Zapata, directora de la Licenciatura en Educación Infantil en la Luis Amigó, explica que los imaginarios que tienen los padres de familia de que el ocio es perder el tiempo, hacen que se sientan presionados: “Si les preguntan qué hace un día el niño después del colegio, se avergüenzan al responder que se queda jugando en la casa y se centran mejor en llenarlo de múltiples ocupaciones porque eso es sinónimo de éxito a futuro, y no se le permite el crecimiento personal que se puede dar a través del espacio con él mismo y de compartir con otro, en actividades que le causen disfrute y que le permitan conocer cómo funciona el mundo y también interpretarlo, algo que no es fácil, más cuando uno es pequeño”.

Desarrollo de valores

El ocio puede ser individual o colectivo. En los niños el primero es determinante porque estos necesitan tiempo para organizar su vida psíquica y emocional. “Cuando él está solo puede apelar a la fantasía. El psicoanalista Bruno Bettelheim decía que cuando un niño acude a la fantasía tiene la posibilidad de resolver los problemas emocionales y aumentar la capacidad de reorganizar su mundo interior. Cuando le damos la posibilidad al niño de que tenga su momento de ocio durante unos intervalos de tiempo —porque no es todo el tiempo—, eso va a retribuir en la formación de un ser para el mundo, en últimas, de un buen ser humano”, manifiesta la docente Sonia Ruth Quintero Arrubla.

  ¿Cuánto tiempo al día debe dedicarse al ocio? Depende de las dinámicas familiares, escolares y personales. Sin embargo, insiste Sandra Juliet Clavijo Zapata, la familia debe quitarle el miedo a este y regalarse también momentos de ocio juntos. “Y desde ese ejemplo del padre de familia que saca su espacio para sí mismo y para compartir con el otro, el niño aprende. Esto le va a dar la oportunidad a la familia de identificar sus gustos: qué los motiva como familia y si no lo saben todavía, será el tiempo de ocio el que les va a permitir este descubrimiento”.

    El llamado a reivindicar el ocio es también para los educadores, asegura Sandra Juliet Clavijo Zapata. “El afán de cumplir con unos indicadores de logro y otros avances más académicos ha hecho que se pierda esa razón de ser del ocio”. Explica que, muchas veces, a la maestra que pone al  niño en ese espacio del juego y del ocio, se le dice que no hace nada o “la tildan como la maestra que los puso a jugar ‘mientras tanto’, porque la miran bajo las reglas de la productividad”.

Cree Quintero Arrubla que el ocio es importante para fomentar la autonomía, pues a veces se piensa que los niños no son capaces, por ejemplo, de conducir un juego, “entonces hay que hacerles todo. Decimos que estamos formando seres autónomos, pero, para que lo sean, debemos darles justamente ese espacio para ver qué quieren hacer, qué son capaces de hacer”. En el tiempo para el ocio desde lo individual, el niño puede desarrollar la perseverancia, el cuidado personal o la responsabilidad; en el ocio colectivo, fomentar la amistad, la solidaridad, el respeto y todos los valores que surgen de la interacción humana.

Dos claves para propiciarlo

1. Desde montar en bicicleta o preparar una receta hasta ver una película. Armar un Lego o mirar por la ventana. No hay una actividad “correcta” para el momento del ocio. Al comprender bien el sentido de este, se deja de calificar y juzgar.

2.  En una época en la que los dispositivos tecnológicos ocupan el tiempo de niños y adultos, es importante cuidar los procesos de interacción con los demás y con el mundo real. Fortalecer lazos familiares y con amigos es vital.

Cuando el niño llega al colegio es bueno que se le dé un momento para apelar a la fantasía y gozar del juego libre, que le ayude a canalizar emociones.

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