Sentirse un impostor Sentirse un impostor

 El síndrome del impostor ocurre cuando, pese a que alguien es exitoso, tiene la sensación de que es un embaucador y será descubierto por los demás.

Asesor: Daniel Espinosa
Psicólogo, magíster en Psicoanálisis y Filosofía de la Cultura; y doctor en Psicoterapia

A lo mejor no se imagina que algún personaje reconocido que admire presente inseguridad al sentir que ese renombre y notoriedad que los demás le conceden sea una mentira. En diferentes ámbitos como el laboral, académico; en ambientes deportivos o artísticos, es común encontrar quienes tengan el denominado síndrome del impostor.

Explica el psicólogo Daniel Espinosa, que pese a que dicho síndrome aún no hace parte de una psicopatología como tal, en la literatura de los últimos años se ha descrito como común en varios contextos. “Un síndrome implica un conjunto de síntomas y fenómenos que concurren y caracterizan cierta situación. El del impostor, por ejemplo, se trata de individuos que tienden a ser socialmente exitosos (desde los estándares exteriores), pero tienen una idea persistente de incompetencia personal”, comenta el profesional.

De esta manera, las personas llegan a sentir que no tienen las habilidades suficientes para pertenecer a ese lugar que se les ha dado, aunque sean bien valorados y se les reconozcan sus logros. En consecuencia, también tienen la constante sensación de que van a ser descubiertos, como un fraude.

Más que inseguridad

Seguramente estas conductas pueden sonar muy parecidas a lo que comúnmente se denomina como inseguridad personal, sin embargo, el síndrome del impostor va más allá. “La inseguridad personal es un rasgo. Y cuando una persona lo tiene esta es, por así decirlo, su forma de funcionamiento. El síndrome es un cuadro más complejo porque el sujeto tiene muy buen funcionamiento, es exitoso. Pero secretamente está preocupado por no dar la talla en lo que su medio le exige y ese es el componente adicional”, indica el psicólogo.

Aunque el especialista Daniel Espinosa aclara que no hay, en términos oficiales, estadísticas que concluyan qué tan frecuentemente se presenta esta situación en nuestro contexto, en general los artículos científicos describen este síndrome y el hecho de sentirse impostor como algo que la mayoría de las personas (cerca de un 70 %) han experimentado por lo menos alguna vez en su vida.

Esa voz interna

El síndrome del impostor se manifiesta de forma distinta en todas las personas y puede tener diferentes niveles. Cuando se trata de uno medio, el psicólogo afirma que retroalimentaciones positivas pueden contribuir a que sea más llevadero. En los casos que sea muy alto, es posible que haya una constante sensación de angustia e intranquilidad y que se vea impactado el bienestar de la persona, por lo que es conveniente recurrir al apoyo psicológico para encontrar sus causas más profundas.

Incluso pueden verse afectadas sus actividades cotidianas y su rendimiento. “Así los demás le digan eres muy bueno, maravilloso… Hay una voz interna que dice ‘lo engañé, ¡es mentira!’. Esto lleva a la insatisfacción y frustración porque no pueden interiorizar para sí mismos esos elementos positivos que los demás ven”, dice el psicólogo Espinosa.

Si bien no se ha atribuido una causalidad específica, el especialista indica que hay factores importantes como las experiencias de vida, fallas en la autoestima y haberse desarrollado en ambientes autoritarios o muy exigentes, con poco apoyo y demostración de afecto, y con una constante falta de retroalimentaciones positivas. También influyen escenarios en los que se ejerce demasiada presión o comparación con los demás.

Como prevención, Espinosa recomienda desde los hogares y la academia aumentar las retroalimentaciones positivas y el reconocimiento de las capacidades

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