Ser padre, continuo aprendizaje Ser padre, continuo aprendizaje

Aunque es una experiencia que no se puede conocer a priori, charlas y talleres, así como consejos les ayudan a enfrentar el futuro con sus hijos.

Asesora: Luz Amparo Salazar. Psicóloga

Vamos a ser sinceros: nadie está preparado para ser padre. No existen manuales, no hay una edad justa en la que el hombre ya está hecho y derecho para asumir la responsabilidad, no hay preparación necesaria. Tener un hijo es similar a un deporte extremo: solo se sabe lo que se necesita y si se está preparado, cuando el viento da en la cara, cuando lo único que nos mantiene seguros es un arnés.

La literatura ha frecuentado el tema. Hace unos años se volvió muy famoso en Noruega el proyecto literario de Karl Ove Knausgard, al que tituló de manera no poco inocente, Mi lucha, y que consta de seis partes, entre ellas La muerte del padre (Anagrama, 2015) y Un hombre enamorado (Anagrama, 2015). En la primera parte habla profusamente, de la relación extraña que tuvo con su padre, un témpano de hielo con el que nunca logró entenderse totalmente bien. En la segunda parte, el turno es suyo, y en el libro asistimos a sus ambivalencias, al enorme amor que siente por su familia, pero también a la encrucijada que lo lanzan cada día, sus proyectos de escritor parecen desvanecerse ante las minucias que demandan sus hijos: vestirlos, darles de comer, llevarlos a la guardería, y esto sin contar con las obligaciones que tiene con su pareja.

Knausgard descubre que no hay preparación, que a padre se llega y solo se puede saber la verdadera dimensión de la responsabilidad estando inmerso en la situación. Y es verdad, hay situaciones para las que nunca se está preparado enteramente, aunque los expertos sí aclaran que se puede tener una aproximación o, por lo menos, no una mirada tan anodina sobre la realidad.

Según la psicóloga Luz Amparo Salazar, los padres contemporáneos distan mucho de los pasados, que veían en su rol una dinámica meramente económica, “eran padres que procreaban y sentían que lo único que tenían que hacer era proveer y regañar, precisamente porque las familias funcionaban de una manera diferente: la mamá se quedaba en la casa criando a la descendencia y el papá salía a buscar el sostenimiento”.

En esa medida, el rol contemporáneo exige un compromiso mayor: no es solo buscar el sostenimiento de la casa, que ahora se comparte con la madre, también hay que estar en el resto de cosas y que antes parecían sólo jurisdicción de las mujeres: criar, querer, alimentar, cambiar pañales, bañar, trasnochar, hacer teteros, “y los padres están haciendo eso de muy buena gana, porque ya cambió algo en la mentalidad del hombre moderno colombiano, es menos machista, sabe que el hijo es una herencia compartida, no una responsabilidad económica”, dice la experta.

Así las cosas, aconseja la psicóloga, empezar a reunirse con amigos que ya tengan hijos, compartir experiencias, y algunas veces hasta hacerse cargo de los niños de un hermano o de un tío, lo que puede ser una buena experiencia para los hombres que quieren ser padres y no saben cómo van a afrontar el reto. “Las entidades de salud ya tienen algunas charlas que van dirigidas hacia la pareja, allí les explican cómo será la vida por venir, además les enseñan cosas que son vitales en las primeras semanas de vida del niño, es bueno que las madres no vayan solas a este tipo de encuentros, pues los padres también pueden aprender mucho”.

Aunque el mayor aprendizaje está en medio de la situación, las conferencias nunca están de más ni los talleres de pareja, pero lo más importante es desear ese futuro y, una vez en él, vivirlo de manera intensa, como se puede hacer cuando se tiene un bebé entre los brazos.

Es importante ejercer la paternidad activa, lo que implica buscar el mayor acercamiento posible con el bebé y entregarse a su cuidado. De esa manera aprenderá a conocerlo y creará un fuerte vínculo entre ambos.

 

Dilemas que tendrá que enfrentar:

Uno de los múltiples desafíos es el de equilibrar el trabajo y la familia.
Muchos padres se sienten culpables por “no estar ahí” cuando hay algo crucial en la vida de sus hijos. Por ello, hay que planificar cómo manejar las múltiples demandas. Por ejemplo, en el caso de una emergencia de salud, puede ayudarse al responder las siguientes preguntas con su pareja o en familia: ¿Cuál es la principal prioridad? ¿Quién será el encargado de atender el incidente? ¿Quién tendrá que pedir tiempo en su respectivo trabajo? ¿Cómo se pondrá al día con las actividades escolares?