Si es cuidador, active la resiliencia Si es cuidador, active la resiliencia

Ante eventos catastróficos en la familia, la figura del cuidador es fundamental. Con el estrés de la situación esta persona esté atenta a sus propias necesidades también.

Asesora: Rosa Guevara
Psicóloga y sexóloga

A las personas que ayudan y apoyan durante el proceso de recuperación de otra persona se les reconoce como cuidadores porque realizan una función que pone a prueba a los más resilientes, y que si bien puede ser gratificante, la carga de estrés que conlleva puede causarle alteraciones físicas y mentales.

En ocasiones se trata del cónyuge o pareja; pero también puede ser un hijo, un hermano o algún otro familiar de su círculo cercano, de acuerdo con el sitio web de la Clínica Mayo (mayoclinic.org). Para quienes cumplen esta función es natural sentirse enojado, frustrado, exhausto, solo o triste, y cuando se presenta, a esta condición se le conoce como “el estrés del cuidador”. La psicóloga Rosa Guevara precisa que en ocasiones resulta tan difícil el manejo de un enfermo que otros miembros del mismo sistema familiar se sienten “víctimas de las circunstancias”.

“Cada uno necesita un poco de protagonismo. La pareja o el cuidador de la persona diagnosticada también siente que necesita a su vez una respuesta de apoyo y el acompañamiento”, explica la especialista, subrayando que frente a la noticia del diagnóstico nunca se está lo suficientemente preparado y no deja de ser igual de impactante, incomprensible y difícil como para el que lo vive en persona.

Comunicación asertiva

De acuerdo con Guevara, en la mayoría de casos en que las personas se convierten en cuidadores, surge una pregunta recurrente: “¿Por qué yo? ¿por qué a mi? ¿por qué sucedió esto? Son preguntas que nunca tendrán respuesta. La pareja de una persona diagnosticada también necesita apoyo, también precisa que le digan qué debe hacer, porque se actúa en muchas ocasiones solo desde el instinto de supervivencia”, acota la psicóloga.

En esos casos, tanto el acompañamiento familiar como la comunicación asertiva son vitales. Hablar y formular frases que incorporen la palabra “sí” puede ayudar a la apertura y a una mayor receptividad. De esta forma se propicia un diálogo libre de juicios y se beneficia al cuidador, pues en ocasiones sus reacciones o actitudes son censuradas, criticadas y juzgadas por parte del entorno. “Somos expertos en decir ‘así no es’, cuando el mensaje debería enfocarse en ‘sí puedes hacerlo’. El cuidador, que es parte del sistema y asume una parte de la responsabilidad, también debería tener un acompañante. Esto es como una cadena de respuestas y apoyo que todos debiéramos tener”, puntualiza la psicóloga.

Cuidado de la propia salud

Toda la presión y la carga a la que se somete una pareja o un miembro de la familia al convertirse en cuidador de otro, puede transformarse en sintomatologías mentales que luego se manifiestan físicamente. Una de ellas es el sentimiento de culpa, que lleva a la depresión. También la ansiedad, que conduce a la persona a ser más impulsiva. Al estar tan pendiente de la persona enferma, probablemente un cuidador no intuya que su propia salud y bienestar están en riesgo.

Además, es posible que se altere el sueño, que no se realice la suficiente actividad física o que se descuide la alimentación, todos ellos factores bajo los que es más probable subir o bajar de peso, irritarse o enojarse con facilidad, perder el interés en actividades que antes se solían disfrutar, sentirse triste, tener dolores de cabeza frecuentes u otros problemas físicos, o hasta abusar del consumo de alcohol o drogas.

Lo ideal según la especialista es reconocerse a sí mismo como cuidador y aceptar ayuda. Dejar que los amigos o familiares intervengan, o buscar algún tipo de apoyo social, aliviana la carga y hacer más llevadera la situación. Incluso tomar un descanso para recargarse de nuevo.

Los cuidadores deben a su vez tener un sistema de soporte y ayuda cuando sientan que ya no pueden más con la situación, para sentir más descanso.

Un hogar que minimice riesgos

Si convive con una persona con algún tipo de discapacidad física en casa, estas son algunas consideraciones a tener en cuenta para facilitar su movilidad segura en los espacios:

  • Evitar desniveles utilizando elevadores o sillas salvaescaleras para las viviendas con varios pisos, así como barandillas en las escaleras.
  • Ubicar la habitación de la persona en la planta baja si la vivienda tiene varias plantas.
  • Eliminar cualquier barrera u obstáculo de los pasillos o de los pasos de una habitación a otra.
  • No poner alfombras, cables o decoración que pueda dificultar el tránsito y causar un accidente.
  • Instalar sistemas de domótica que permitan abrir persianas y ventanas, o activar el sonido y las luces de forma digital.