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La clave para un sistema inmunitario más joven

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El conjunto de células y procesos que nos protegen de agentes externos envejecen de manera independiente a nuestra edad biológica. El movimiento es clave para conservarlo.

Como si se tratara de un pequeño ejército personal, el sistema inmunitario del cuerpo humano permanece alerta las 24 horas del día. Basta solo la presencia de un pequeño antígeno -bacterias, virus, toxinas o células cancerígenas- para activarlo. Entonces se acciona un complejo conjunto de procesos que nos protegen de microorganismos invasores, previenen enfermedades y facilitan la cicatrización.

Existen dos tipos de respuesta inmunitaria que actúan con mecanismos diferentes, pero de forma sinérgica. La respuesta innata es la primera línea de defensa con que cuenta el cuerpo humano y nos acompaña desde que nacemos. Consta de una serie de células inmunitarias que se encargan de destruir agentes patógenos al detectarlos. Además, involucra barreras y reflejos naturales que impiden su ingreso al cuerpo: el moco, la tos, el ácido gástrico, enzimas en las lágrimas y aceites en la piel.

La respuesta adaptativa, por su parte, es más lenta pero capaz de dirigirse hacia patógenos específicos. Se activa tras la exposición a una sustancia extraña -por infección o vacunación- cuando la respuesta innata no ha sido suficiente para defender el organismo. Se compone principalmente de dos conjuntos de células, los linfocitos B y T, que atacan los invasores y previenen futuras enfermedades, al recordarlos para combatirlos de nuevo en el futuro.

Sin embargo, el sistema inmune envejece con el tiempo, y su edad no necesariamente coincide con la nuestra. Podemos tener unas defensas jóvenes aun en etapas avanzadas de la vida, o una inmunidad envejecida en la juventud. La edad del sistema inmune se manifiesta en la disminución de la capacidad de renovación de las células madre y la involución crónica del timo, responsables de la producción de las células inmunitarias.

Entonces, ¿cómo podemos conservar la juventud de nuestras defensas? Pues bien, la clave está en el movimiento. Un estudio publicado en la revista Progress in Molecular Biology and Translational Science, explica que el ejercicio tiene efectos positivos sobre diversos factores  involucrados en este proceso.

Todo depende del tipo de ejercicio que realicemos. Si bien el estudio refleja que altas dosis de actividad física intensa pueden afectar nuestro sistema inmunológico, la evidencia científica también demuestra que el ejercicio regular de intensidad moderada mejora nuestra capacidad de defensa natural.

Los procesos que desencadena este tipo de actividad física moderada reducen la inflamación ante infecciones bacterianas, favorecen la respuesta positiva a las vacunas, reducen la cantidad de linfocitos T “agotados” y, entre otras, aumentan la actividad fagocítica de los neutrófilos, proceso por el que las células inmunitarias atacan los patógenos. “Lo cual indica que el ejercicio de intensidad moderada es capaz de mejorar, o al menos mantener, la inmunidad a lo largo de la vida”, reza el documento.

Hábitos como caminar por las noches o montar en bicicleta durante períodos cortos son ideales para mantener un sistema inmunitario joven. La respuesta positiva del cuerpo es tal, que incluso se asocia con una menor probabilidad de desarrollar 13 tipos de cáncer, como lo indica el Instituto Nacional de Cáncer de los Estados Unidos.

Siempre es un buen momento para empezar. Si dejó el hábito en el pasado y quiere recuperarlo, le presentamos tres opciones para retomar el ejercicio. Y si los inconvenientes se relacionan con la falta de espacio o tiempo, conozca cinco ejercicios para hacer en casa en solo dos minutos. Su sistema inmunitario lo agradecerá.

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