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La motricidad fina, una destreza que se activa jugando

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Esta habilidad en los niños es señal de un correcto desarrollo del sistema nervioso. Es deber de los padres fomentarla en sus hijos.

Asesor Iván Alejandro Díaz Rengifo – Médico general

Movimientos refinados, precisos, delicados, eso es la motricidad fina. Actividades que implican la coordinación ojo-mano y la activación de los músculos cortos para recortar, ensartar, escribir o ejercer otras funciones que requieren movimientos pequeños.

De acuerdo con el médico general, Iván Alejandro Díaz Rengifo, “la motricidad fina es uno de los medios de expresión del ser humano que lo diferencia de otras especies y le permite el uso de herramientas, como un medio no solo para subsistir sino para manifestar sentimientos y sensaciones a través de, por ejemplo, el arte y la escritura”.

Potenciar en los niños este tipo de capacidad es fundamental porque hace parte del neurodesarrollo y les permite, en etapas tempranas, conocer el mundo, interactuar con él y desarrollar habilidades para la edad adulta.

Si bien la activación de la motricidad fina podría decirse que comienza desde el nacimiento, a partir de los dos años cobra más valor, pues se hace más evidente en el desarrollo; se sabe que se completa, aproximadamente, a los 5 o 6 años y se perfecciona a lo largo de la vida.

Señala Díaz que los primeros rasgos de motricidad fina son los reflejos de aprehensión, como cuando el bebé cierra su puño para tomar el dedo de su madre o algunos objetos. En ese sentido, recomienda proporcionarle al menor objetos de texturas maleables, incluso, los que generan algún tipo de ruido al presionarlos.

“Es muy bueno que conozcan distintas texturas para entender que las cosas no son iguales, eso favorece su desarrollo psicomotriz. Las experiencias que consigan a través del tacto contribuyen al desarrollo de su personalidad, de su inteligencia porque es la forma de conocer el mundo”, indica el especialista.

Es importante saber además que, aunque la motricidad fina tiene su mayor representación en los movimientos más finos de las manos, también está relacionada con los pies, los dedos, la lengua y los labios. Por esa razón, es normal y común que se lleven objetos a la boca y exploren con ellos.

¿Cómo estimularlos?

Actualmente hay talleres dedicados al desarrollo de habilidades motrices y, si bien, representan beneficios y son recomendables, el médico aconseja a los padres tomarse un tiempo diario para hacerlo. La razón es que este tipo de actividades ayuda a crear vínculos entre padres e hijos, mucho más si se hace a través del juego, pues esa es la forma de interacción del pequeño.

“Cuando los padres hacen parte del juego se crean vínculos afectivos importantes, por esto, el estímulo de la motricidad fina no debe verse como una tarea, sino que a medida que juegan todo esto va pasando, no tiene que ser elaborado”, concluyó.

Estimularla en cada etapa 

Al año: hacer torres con cubos grandes, presionar juguetes sonoros, pasar las páginas de un libro de hojas gruesas, tomar con ambas manos un vaso y beber algo.

A los dos años: apretar pelotas antiestrés, abrir y cerrar envases a presión, hacer rodar y empujar objetos, desvestirse y comer solo o con poca ayuda.

A los tres años: sembrar semillas de diferentes tamaños, así se estimula la función de pinza con los dedos, abrir y cerrar envases de tapa rosca, desvestirse solo: camisa, pantalón y zapatos.

A los cuatro años: pegar plastilina por caminos demarcados, poner ganchos a presión alrededor de un pedazo de cartón, abotonar y desabotonar.

A los cinco años: utilizar lápices y acuarelas, usar goteros para pasar líquidos gota a gota, hacer nudos, desvestirse y vestirse solo completamente.

Atención a los avances y señales

  • Si bien los ejercicios son un referente para estimular el desarrollo de la motricidad fina, es necesario tener en cuenta que no son regla general para todos, pues cada niño tiene su propio ritmo.
  • De acuerdo con la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos, los problemas del cerebro, la médula espinal y los nervios, pueden deteriorar el control de la motricidad fina. Así que si en algún momento los padres notan retraso en el desarrollo de su hijo, el consejo es consultar al médico.
  • No limitar al menor durante el proceso, a menos que lo que esté haciendo represente algún daño. En el desarrollo de sus habilidades también es importante aplaudirle, para hacerle saber que lo que está haciendo es correcto.

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