Casas de puertas abiertas Casas de puertas abiertas

Casas de puertas abiertas

CON TU MUNDO 2 Agosto, 2016 María Alejandra Tavera


Algunos hábitos en el hogar inciden en la generación de alergias, que se producen por mantener los ambientes encerrados y por malas prácticas higiénicas.

Alfonso Cepeda Sarabia Alergólogo, adscrito a Coomeva Medicina Prepagada

Tener una vivienda sana implica rutinas frecuentes como abrir las puertas y las ventanas. Esto sostiene el alergólogo barranquillero Alfonso Cepeda Sarabia, uno de los tres participantes colombianos en la Isaac*, el estudio mundial más extenso e importante sobre este tema en el mundo.

De acuerdo con su experiencia, los hábitos adquiridos en el hogar inciden en la generación de alergias, que se producen, entre otras, por un ritmo de vida cada vez más encerrado y sedentario.

Esta nueva tendencia al confinamiento motiva al doctor Cepeda a denominar a la nueva generación, atada a los dispositivos móviles y alejada de los espacios naturales  como “los niños del metro cuadrado”, quienes viven encerrados no solo en sus casas sino en un círculo vicioso de insalubridad. Se trata de niños y jóvenes que al mantener este estilo de vida, desarrollan síntomas en los espacios interiores como estornudos y congestión nasal, secreción nasal acuosa, prurito o rasquiña en ojos y nariz, tos o silbido, e incluso dificultad para respirar.

 

Refrescar los hábitos

Para romper este círculo Cepeda sugiere disminuir, en lo posible, los contaminantes químicos y los contaminantes biológicos. Dentro de los primeros están los detergentes, desinfectantes, productos clorados, insecticidas, perfumes, pinturas, el formaldehído de las maderas o el humo del cigarrillo. Si bien es imposible sustraerse del empleo de algunos de estos productos, sí existe la posibilidad de limitar su uso, conseguir otros con sellos ecológicos en el mercado o mantener la casa aireada cuando estos se utilicen.

Dentro de los segundos –los contaminantes biológicos- están las biopartículas de hongos, ácaros y cucarachas. Y aunque es imposible (y casi inconveniente) una erradicación total, es necesario llevar a cabo ciertas prácticas que los mantengan a raya.

La primera y la principal, es disminuir la humedad, caldo de cultivo para el moho, que guarda una relación directa con el número de crisis de asma en los niños como lo demuestran las investigaciones. Esto se puede manejar con acciones sencillas, las cuales deben ser una norma en todas las casas pero en especial en aquellas emplazadas en lugares contiguos a quebradas o bosques húmedos, donde prevalece la humedad.

Dentro de la acciones se recomienda airear diariamente la casa así sea durante un pequeño lapso de tiempo, abriendo ventanas y puertas de espacios cerrados (cuartos, baños, depósitos, clósets, armarios o gavetas…). Esta práctica disminuye la concentración del moho y los ácaros y, por tanto, la posibilidad de mayores síntomas de asma y alergia respiratoria.

Además, se recomienda eliminar de dormitorios las alfombras y los objetos que acumulen polvo. Aspirar por 10 minutos una vez al mes almohadas y colchones, lavar las sábanas y las mantas con agua caliente una vez a la semana, hacer limpiezas periódicas de sofás y sillones. Si la humedad continúa, lo recomendable es emplear deshumidificadores que se consiguen en el mercado.

 

Revise la casa

Las mascotas también son fuente de varias alergias. Los perros y los gatos generan partículas pequeñas productoras de alergias, que flotan y permanecen más tiempo en el aire. Los conejos y hámsteres pueden causar asma, rinitis y conjuntivitis.

Por eso, cuando hay una alergia diagnosticada por causa de una mascota, lo ideal es retirarla. Si este no es el camino, hay ciertas estrategias que pueden ayudar, aunque solo parcialmente. Por ejemplo: evitar que la mascota entre a la habitación e impedirle que suba a la cama. Ventilar la vivienda o usar sistemas de purificación del aire con filtros de alta eficiencia. Aspirar con frecuencia muebles, cortinas y cojines. Y, con respecto a la higiene de la mascota, bañarla una vez por semana y frotarla con una toalla húmeda cada dos o tres días.

Todo lo anterior hace parte de un conjunto de rutinas sanas que mantienen la casa aireada, limpia, con flujos de aire entre el exterior y el interior, y sin concentraciones de humedad y de químicos.

Como sostiene Cepeda, la premisa debe ser procurar un ambiente de salud dentro de la casa, pero también salir al aire libre y moverse más allá del metro cuadrado.

*The International Study of Asthma and Allergy in Childhood •

 

la limpieza, un hábito muy saludable

  1. En el baño. Lave las cortinas regularmente con cloro o un producto similar para que no se acumule moho en ellas. Además del asma, el moho puede desencadenar otras alergias y provocar irritaciones en la piel. Deshágase de aquellos materiales innecesarios que allí acumula.
  2. En la habitación. Mantenga limpia la parte superior de los armarios. Puede ayudarse de periódicos para llegar a las zonas más altas. Esto también previene la acumulación de grasa, polvo y suciedad en la cocina. Elimine pequeños objetos y en especial libros que recogen polvo.
  3. Ventilación. Regula la humedad, oxigena y renueva el aire interior viciado. Es conveniente hacerla diariamente, tanto en tiempo frío (evita condensaciones) como en el cálido (ayuda a refrescar). Evitar que el polvo se acumule en las telas como sofás y camas.