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Alimentación para el resto de la vida

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Paciencia e integrar al pequeño a las comidas familiares se requieren para que el niño lactante de el salto esperado hacia una nutrición completa.

 Asesora Nelly Patricia Castillejo Padilla, nutricionista

Después de los seis meses de vida, el niño ya se sienta con apoyo, controla su cabeza y cuello, tiene erupción dentaria y aparecen pericias tan importantes para su supervivencia como morder y masticar. Es el momento de la vida preciso para que sus padres lo introduzcan con paciencia en el mundo de los alimentos y es la oportunidad para que ese ser conozca sabores, texturas y olores, y asuma la autonomía necesaria a la hora de comer.

A los 182 días de nacido, el niño ya empieza a demandar otros complementos nutricionales, más allá de la leche materna o de fórmula, porque su carga energética aumenta al tener más actividad física y minerales como el hierro le son fundamentales para que su curva de desarrollo física y cerebral sea la esperada. “La leche materna seguirá siendo importante, pero su consumo exclusivo ya es insuficiente a los seis meses de nacido. Así que debe combinarse con otros nutrientes”, explica Nelly Patricia Castillejo Padilla, nutricionista y docente de la Universidad CES.

Poco a poco, carnes como pollo y pescado e inclusive el huevo, el arroz, la papa y la yuca empiezan a integrar el menú del menor que, por recomendación de Castillejo Padilla, no debe alejarse de lo que a diario se come en su casa. “Los alimentos dependen de la cultura alimentaria de la familia, de la capacidad adquisitiva, de dónde viva, todos los alimentos son válidos, y no vale la pena estresarse por comprar cosas diferentes y especializadas, los niños necesitan nutrientes, calidad; no marcas”, agrega.

Lo ideal es que este proceso de adaptación a la alimentación familiar esté supervisado por los padres o acudientes, quienes podrán involucrar al pequeño cada vez más en este hábito a través de situaciones tan cotidianas como desayunar, almorzar o cenar juntos en el comedor; él en su silla y los adultos en las suyas. Se trata, de alguna manera, de enamorarlo con el ejemplo, para que se alimente de manera natural, permitiéndole que explore lo suficiente, juegue, se unte y elija sin restricciones. Una oportunidad, también, para que la familia intercambie experiencias y aprenda a comer de manera saludable, no solo para evitar el sobrepeso, sino patologías asociadas a largo plazo como cáncer, diabetes e hipertensión arterial.

De 6 a 8 meses: calidad, no cantidad

Se recomiendan: hígado de pollo,  pescado y huevo para reforzar el hierro y evitar la anemia. Para cubrir las calorías: arroz, papa, avena, pastas,  plátano y yuca, frutas de consistencia blanda como mango y y banano. De dos a tres raciones al día es suficiente, el resto lo cubre la leche materna.

Cómo presentar los alimentos: a través de papillas espesas y alimentos aplastados, no licuados, evitar uso del tetero. Involucrar al niño con el uso de la taza, la cuchara, el plato.

Beneficios: ejercita la masticación y se estimula la erupción dentaria.

De 9 a 11 meses: en la adaptación

Se recomiendan: los mismos alimentos, pero en mayor cantidad, de 3 a 4 comidas al día. Lo mínimo es medio vaso o medio plato.

Cómo presentar los alimentos: darles alimentos blandos y finamente picados, para que los agarre y juegue con ellos, evitar los productos pequeños porque puede ahogarse. Incluir alimentos aplastados con trozos más grandes de fruta, de carne o de papa para que se familiarice con lo sólido. Continuar con la lactancia completa en la noche para que empiece a manejar su ciclo de sueño.

Beneficios: autonomía para compartir en la mesa familiar.

1 año: la meta

En esta etapa, el niño tiene más dientes, por lo que la carne molida, por ejemplo, puede ser más desmenuzada, los trozos más grandes, para finalmente incorporarlo en los hábitos alimentarios familiares. “Que coma de la misma olla”, dice la nutricionista. Por esto es tan importante que la dieta familiar sea saludable.

Pautas adecuadas

  • Brindarle al niño porciones pequeñas, de esta manera también se evita la obesidad.
  • Establecer horarios de alimentación y no darle una comida tras otra.
  • Si el menor no quiere comer, retirar el plato tras media hora de espera y ofrecerle otro alimento tres horas después.
  • Evitar el té, el café y las aromáticas, no son bebidas seguras hasta después de los dos años de edad.
  • Incluir, en pequeñas cantidades, el azúcar y la sal hasta después del primer año.
  • No usar, hasta antes de los dos años, endulzantes artificiales, así como la miel.
  • Practicar pautas de higiene a la hora de preparar alimentos.
  • Evitar la comida chatarra.
  • Ofrecerle primero verduras que frutas para evitar que las rechacen por su sabor.
  • A los 9 meses, iniciar con yogur y queso blanco. Darle leche de vaca, después del primer año.
  • No premiar ni castigar al niño con la alimentación.
  • Servir en platos de colores claros, para que lo que les atraiga sean los alimentos y no los dibujos del plato.
  • Propiciar un ambiente agradable a la hora de comer y evitar sustituir las comidas por un biberón.

Y, ¿si hay alergias?

“Hay muchas alergias y mitos, pero también hay estudios que indican que entre más temprano se introduzcan los alimentos, menos alergias hay. No hay peso científico claro sobre el tema”, explica la nutricionista. Es importante, sin embargo, que al introducir los nuevos alimentos se hagan uno por vez, esto para saber qué fue lo último que se comió en caso de que se presente una alergia, que puede desembocar en erupción cutánea, diarrea, dificultad para respirar (es el síntoma más grave y requiere atención inmediata), rosácea, rasquiña o urticaria y vómito. Frente a cualquier señal, consultar al médico. También hay que tener en cuenta que las intolerancias pueden ocurrir por los alérgenos de la tela, la almohada o la ropa.

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