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El mito del no

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Educar es un ejercicio de equilibrismo que exige a los padres y adultos dosificar los límites y las libertades frente a los niños. La justa medida es difícil de determinar.
Sin embargo,  cualquier extremo es perjudicial.

Gabriel Téllez Jaramillo Pediatra Neonatólogo, adscrito a Coomeva Medicina Prepagada.

De acuerdo con el pediatra y neonatólogo Gabriel Téllez Jaramillo, imponer los límites con severidad o en forma excesiva a los niños ocasionaría personalidades reactivas frente a las normas. Lo contrario, es decir, suprimir los límites y el “no” en la educación, produciría, a futuro, adultos incapacitados para asumir compromisos, establecer límites y reconocer a los otros.

Los padres o adultos representan el cariño y al mismo tiempo la autoridad, que en la vida luego aparece en distintos escenarios como el colegio, el trabajo o en la sociedad, en general.

Es entonces en las microdecisiones cotidianas de la casa que los niños comienzan a descubrir límites y aprenden a gestionar su libertad; una libertad sin responsabilidad, que termina por agotarse, ya que quien la utiliza de manera irresponsable va mermando el número de opciones en su vida y, por tanto, su capacidad de elegir. Así, los padres pueden inculcar en sus hijos la libertad como un tesoro frente al cual se es responsable.

Aprendizajes infantiles

Pero, ¿cuáles son esas microdecisiones que los padres pueden tomar? A esto responde el doctor Téllez: “Evidentemente dependiendo de la edad se establecerán los diferentes límites de los compromisos que tienen los padres con los hijos y los hijos hacia sus padres. Por ejemplo, los horarios en las salidas, los regresos, limitar los tiempos en la TV, los videojuegos etc., el tema de los límites inicia desde que están muy pequeños con deberes relacionadas con el orden en la casa, los tiempos del juego, las tareas o los horarios para dormir”.

Ser coherente como padre en los límites básicos, no solo consigo mismo en el tiempo sino también con la pareja o con los adultos allegados, instala más fácilmente en los niños una idea de norma, y evita que se active en ellos la idea del atajo. Si los pactos son claros, consecuentes y cumplidos por todos, estos serán también claros para los niños y, al cabo del tiempo, la norma estará interiorizada en el pequeño, más que en los externos.

Sin embargo, el escenario de crianza actual parece marcar otra tendencia. La exclusividad de los niños, ha traído, por un lado, una mayor consciencia de la individualidad de cada niño, pero al mismo tiempo una sobreprotección encubierta en un “exceso” de cariño que, a la larga, los hace débiles.

A este patrón de crianza se le ha llamado la hiperpaternidad, que se refleja en una crianza sin límites, sin rutinas, en la prevalencia de los derechos sobre los deberes y en un “padre o madre centrismo”, donde los padres creen deben hacer todo por sus hijos, impidiéndoles así desarrollar sus propias capacidades en el crecimiento.

Y si bien, el afecto es necesario en el crecimiento de un niño — casi tan importante como la comida o el sueño— también es importante dotar ese afecto de límites, de retos y deberes.

Educar es una tarea de todos los días, que exige persistencia, coherencia y presencia. La voz frente a los niños la tienen sus padres y, como dice el doctor Téllez, no es sano delegar la responsabilidad de la crianza a los colegios u a otras personas que no tienen influencia directa sobre la familia, que cultivan en sus niños unos adultos confundidos y sin herramientas para ser responsables de su libertad

Los padres o adultos representan el cariño y al mismo tiempo la autoridad. 
Ser coherentes al establecer límites permite lograr que los pequeños se conviertan en adultos responsables.

3 años es la edad precisa para que los padres empiecen a afianzar y reforzar en sus hijos el aprendizaje de las normas y los comportamientos adecuados.

Cinco mitos de la crianza

  1. Los niños no entienden.  Falso: los niños identifican la coherencia la incoherencia de los padres y adultos.
  2. El No perjudica la personalidad. 
Falso: establecer ímites moldea la voluntad y les da la oportunidad a los niños de decidir.
  3. Los niños no pueden aburrirse. Falso: aburrirse es parte del proceso de aprender a estar con ellos mismos.
  4. Los niños solo tienen derechos. 
Falso: los niños también pueden asumir deberes y respetar las normas de convivencia.
  5. Los niños siempre tienen prelación. Falso: los niños deben aprender a respetar la palabra cuando sus padres hablan y a asumir tareas.

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