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Educar la atención de los niños

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Los menores pueden ser distraídos o no estar atentos a sus actividades en algún momento, pero si la situación se repite debe evaluarse si existe algún problema.

Asesor: Juan Fernando Muñoz Martínez, psiquiatra y neuropsicólogo

Es común que los niños menores de 7 años presenten distracciones temporales. Por su desarrollo cognitivo, en ocasiones les es difícil concentrarse en ciertas situaciones, pero hay señales que pueden indicar que dicho comportamiento es algo más serio.

En este caso, es posible que esté presentando síntomas de distraibilidad con cambios o desplazamientos en la atención: “En general esta condición no suele afectar el desempeño escolar o la autonomía de los niños en las labores de la casa, aunque se hace necesario realizar un seguimiento para saber si todo está bajo control o hay que intervenir”, sugiere el psiquiatra infantil y neuropsicólogo Juan Fernando Muñoz Ramírez.

Otro diagnóstico es el trastorno por déficit de atención sin hiperactividad o con hiperactividad —TDA-H—, una condición a la que debe prestársele especial cuidado, sobre todo, cuando en su conducta predomina la falta de atención y la dificultad para concentrarse en las actividades que realiza, y si además es hiperactivo e impulsivo.

Este trastorno, explica el especialista, es una alteración de la evolución neurológica que viene desde el vientre materno y que se evidencia de distintas formas cuando el niño inicia su etapa escolar, en transición o primero de primaria, entre los 6 y 7 años. Agrega que esta situación se da en 8 de cada 100 niños.

Señales más comunes

En general, el déficit de atención presenta en los niños los siguientes síntomas: dificultad para mantener el control de su actividad motora, como permanecer sentado en situaciones obligatorias, como en las clases del colegio; interrumpe las actividades de otros o presiona mucho a los papás cuando quiere algo; tiene problemas para aprender conceptos básicos en el colegio, en términos de lectura, escritura o de aritmética; presenta falta de independencia para hacer tareas y lentitud para realizar actividades como escribir, arreglarse, bañarse, vestirse o comer.

Juan Fernando Muñoz señala que el déficit de atención con hiperactividad ocurre cuando el menor tiende a ser muy arriesgado cuando realiza algo que podría causarle daño, pasa por alto las advertencias de los adultos o cuando le cuesta relacionarse con sus pares, con discusiones frecuentes, hipersensibilidad frente a cualquier provocación o inflexibilidad ante el deseo de algo.

Actuar a tiempo

En conclusión, si al pequeño se le detectan señales de distraibilidad o del déficit de atención, con o sin hiperactividad, tras medir su capacidad intelectual, habilidades verbales, manuales, su velocidad de procesamiento, memoria y atención, requerirá un tratamiento que incluye sesiones que abarcan conversaciones entre los padres y el niño.

Se estima que el 50 % de los casos persistirán en la adultez y, si bien los síntomas son casi los mismos, su dictamen es más complicado porque se confuden con abuso de sustancias o con trastornos mentales como el de la ansiedad y del estado de ánimo.

Se hace necesario, entonces, acudir a un especialista para encontrar un diagnóstico acertado que evite, a largo plazo, la afectación de la calidad de vida del paciente debido a sus problemas para concentrarse en actividades y en programar sus tareas • (Lea también: El lado positivo del déficit de atención e hiperactividad).

Comunicación entre padres e hijos

  • Los padres deben hacer una pausa para obtener la atención de sus hijos cuando sea necesario.
  • Llamar al niño por su nombre.
  • Mantener contacto visual y pedirle que repita o explique lo que se le dijo para estar seguro de que escuchó y comprendió.
  • Si el menor interrumpe, hablarle con oraciones cortas para que se enfoque solo en lo que necesita decir.
  • No interrumpirlo con frecuencia, pues es posible que no sea capaz de mantener el interés en la conversación.
  • Si el pequeño desvía su atención, tocarle el brazo, tomarle las manos o acudir a cualquier otro contacto físico.
  • Incluir en las conversaciones familiares palabras como consecuencias, recompensa, comportamiento positivo y negativo, esto hará que las comunicaciones sean más claras.
  • Explorar también con otras frases como “tiempo fuera” en vez de “vete a tu habitación”.

30 % de los niños que tienen déficit de atención, con o sin hiperactividad, pueden tener dificultades en el aprendizaje.

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