Hacer conciencia sobre las consecuencias negativas de la obesidad en la enfermedad renal es el objetivo que se busca con la celebración del Día Mundial del Riñón, este 12 de marzo.
La hipertensión arterial y la diabetes son los dos principales factores asociados al desarrollo de esta enfermedad que al principio suele ser silenciosa, notándose los síntomas ya cuando regularmente se encuentra en un estado muy avanzado.
Según explica la Fundación para la Investigación y la Asistencia Renal de Argentina (Finaer), detrás de los dos factores de riesgo anteriormente mencionados existe un desencadenante clave, que aumenta las probabilidades de aparición de ambos padecimientos y empeora la enfermedad renal cuando ya existe: la obesidad.
“La evidencia muestra también que la obesidad es un importante factor de riesgo para el desarrollo de la ERC y para la ERC terminal; tanto de modo indirecto a través del aumento de la diabetes, la hipertensión y de las enfermedades cardiovasculares como directamente a partir del incremento de la carga de trabajo del riñón”, indica en su página web Finaer.
Por eso, la importancia de llevar un estilo de vida saludable, en la que la actividad física y la nutrición adecuada se hacen fundamentales para prevenir la obesidad y, consigo, la enfermedad renal. Como explica la Fundación, el daño renal agudo se da más frecuentemente en personas obesas. “Al reducir la obesidad se podría revertir o enlentecer la progresión de la enfermedad renal crónica”, puntualiza.