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Fatiga por compasión: la importancia de cuidar al cuidador

Asesoría:
María Victoria Orrego
Psicóloga adscrita a Coomeva Medicina Prepagada

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Ejercer el cuidado hacia otro implica aprender a cuidar de uno mismo. Las emociones que se despiertan ante el dolor ajeno pueden afectar la salud física y mental.

 Atender pacientes en altos estados de gravedad, sanar animales maltratados o, incluso, estar expuesto de forma cotidiana a relatos dolorosos son actividades que exponen la bondad de la naturaleza humana, pero que, a su vez, pueden afectar profundamente a quien las ejerce. La compasión es una respuesta empática del ser humano y, aunque surge de manera natural, desencadena una serie de emociones que precisan atención. Quien se dedica a cuidar de otros, también requiere observación.

 

Cuando la exposición al sufrimiento genera desgaste físico, emocional, mental o espiritual, podemos estar ante un cuadro de fatiga por compasión. El término empezó a utilizarse en la década de los noventa cuando se desarrollaron algunos estudios con profesionales de la salud que presentaban síntomas de agotamiento tras cuidar y dar apoyo a pacientes en estados críticos, explica Claudia Quintero, especialista en Gerencia en Seguridad y Salud en el Trabajo y estudiante de Maestría de Cuidados Paliativos.

 

Sin embargo, aunque se manifiesta con frecuencia en el personal de salud, puede afectar en general a quienes están en contacto con el dolor ajeno. Se trata de un síndrome de alerta que requiere acciones prioritarias ya que, además de reducir la calidad de vida del cuidador, puede empeorar la situación de los pacientes. Existen medidas para suavizar estas emociones y trazar un nuevo camino en el que la fatiga compasiva sea reemplazada por la alegría de poder ayudar.

Las señales de alerta

La fatiga por compasión puede identificarse como una sensación de cansancio que se prolonga en el tiempo y que afecta la vida personal del cuidador: disminuyen sus actividades de ocio y se aísla de familiares y amigos. A nivel mental, hay dificultades de memoria y concentración, y priman emociones intensas de miedo, ira y tristeza. El sistema nervioso se acelera causando palpitaciones, y pueden sentirse molestias gastrointestinales, estreñimiento, dolores de cabeza, tensiones musculares y, en el caso de las mujeres, molestias menstruales.

El entorno es clave

Algunas condiciones del ambiente incrementan el riesgo de padecer fatiga por compasión. Se ha evidenciado que entornos con recursos limitados dificultan las actividades de cuidado e incrementan el estrés de los profesionales. La sobrecarga laboral, la falta de reconocimiento y el uso de estrategias punitivas también pueden causar fatiga compasiva en los cuidadores.

Del agotamiento a la satisfacción

Una investigación publicada en la revista Terapia Psicológica expone los beneficios del mindfulness para tratar la fatiga por compasión: aceptar la realidad tal y como es sin emitir juicios. Entrenar esta práctica con ejercicios de respiración y observación incrementa los niveles de conciencia, autocuidado y autocompasión. Así mismo, agrega Quintero, es importante construir una red de apoyo con personas de confianza y respetar los espacios propios de descanso, entretenimiento y aprendizaje.

Juntos somos más fuertes

Coomeva Medicina Prepagada cuenta con el Programa Juntos, una estrategia de apoyo a pacientes en estadíos avanzados de enfermedades crónicas y sus familias. A dos vías, el programa protege al paciente desde el área médica con profesionales idóneos, y también a la familia, orientando el ejercicio del cuidado. “Quien está en contacto con el dolor puede sentirse impedido, sin saber cómo ayudar. Para eso estamos ahí”, expresa Quintero. Así, el programa aborda de manera integral el caso puntual de cada familia, comprendiendo las realidades específicas y delineando estrategias que les permitan transitar con mayor tranquilidad una situación dolorosa para todos. “Otras personas que no hacen parte de la familia pueden contribuir aliviando cargas. Hacer el mercado o acompañar al cuidador principal en salidas y diligencias son pequeñas tareas que tienen un gran impacto. Es clave la comunicación”.

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