¿Y si quiero cambiar mi vida? ¿Y si quiero cambiar mi vida?

Los sueños vitales parecen inalcanzables en la inercia de la rutina, sin embargo, trabajar por ellos es posible. Hace falta convertirlo en un plan y trazar el camino.

Asesor: Beto Bravo
Psicólogo y coach

En su libro Qué harías si no tuvieras miedo, el escritor español Borja Vilaseca habla de los domingos melancólicos, esa sensación de tristeza o vacío que se hace más fuerte cuando cae la tarde del último día del fin de semana. Vilaseca afirma que se presenta sobre todo en aquellos que odian la idea de empezar la jornada laboral.

De acuerdo con una encuesta de Gallup, que recogió datos de 140 países durante 2011 y 2012, solo al 13 % de los empleados del mundo les gusta ir a trabajar, es decir, que el restante 87 % lidia diariamente con algún nivel de insatisfacción, tristeza o resignación. El 87 % de los asalariados tiene domingos melancólicos y cada tanto fantasea con la idea de que un lunes de estos no tenga que ir a la oficina, sino que pueda encontrar su propósito, seguir una vocación o hacer lo que más le gusta para vivir.

Esas ganas de cambiar de vida se han hecho mucho más fuertes con la experiencia de la pandemia. “Al ser humano le gusta cambiar, es parte de su naturaleza evolutiva, pero también hay detonantes como la pandemia, que pueden exacerbar los deseos de cambio, porque nos llevó a reflexionar mucho. Fue un parón de la vida que nos puso a mirar para adentro, fue como ordenar la casa y cuando tú lo haces quieres desechar algunas cosas, te das cuenta que otras no te funcionan y quieres cosas nuevas”, explica el psicólogo y mentor, Beto Bravo.

Aunque es un impulso natural, muchas veces las ideas de reinvención se quedan solo en planes y sueños porque nunca parece ser el momento adecuado para dar el salto. “Nos cuidamos mucho, el cerebro por naturaleza busca eso, porque es el órgano más perezoso del ser humano, pues su función es que no gastes energía y que la preserves para enfrentar la incertidumbre cotidiana, por eso te dice que te quedes en la zona de confort, que no cambies, porque ahí está lo seguro y lo conocido. Cambiar significa invertir mucha energía y descuidar la supervivencia. Además de este pequeño saboteador, la sociedad nos ha educado para no saber leer nuestras emociones, que son las que nos llevan a la acción, y a sentir que pensar en uno es egoísta”, afirma Bravo.

Todo cambia

Por su parte, Vilaseca explica que ese lugar seguro que cree tener el empleado no lo es tanto, pues el mundo se encuentra en una era de cambio y está dejando de ser cómo lo conocíamos. Mientras el asalariado se siente cómodo, probablemente el dueño de la compañía para la que trabaja no lo esté tanto, tratando de predecir un mercado cada vez más volátil.

El panorama se puede modificar en cualquier momento y por lo tanto, según los expertos, deberíamos ser menos reticentes a seguir los sueños. Vilaseca y Bravo resaltan que también aprendemos muchos condicionamientos sociales que nos atajan cuando queremos despegar, pero que estos no son los obstáculos que creemos que son, que en realidad sí podemos y debemos cambiar de vida, cuando queremos. Ser más libres y más felices.

¿Cómo lograrlo?

“La motivación, el sube y baja, y el apoyarnos solo en la disciplina se vuelve un martirio. Necesitas la combinación de ambas, mantenerte motivado y no ver la disciplina como sacrificio, sino como constancia. Así puedo romper la inercia y dejar de estar pendiente del qué dirán o el miedo a fallar, que terminan siendo paradigmas que nos tragamos en la educación y en la cultura”, explica el psicólogo Beto Bravo.

En la idea de motivación y disciplina coincide Vilaseca, que agrega la importancia de tener una actitud emprendedora, es decir, convertir el sueño en un proyecto de emprendimiento y apostarle. Educarse financieramente para conseguir mejores ingresos y gastarlos adecuadamente, convertirnos en expertos que ofrecen un valor único a los demás, invertir en nosotros mismos y crear una marca personal para hacernos visibles a los demás.

Esto no significa que necesariamente se tenga que dejar de ser empleado, es una opción ser independiente o crear un negocio propio, pero también conseguir un puesto haciendo lo que queremos en una empresa que se alinee más con lo que nos gusta. “Si te arrepientes, aprendes y no pasa nada, ríete”, dice Bravo. “No tenemos que ponerle una etiqueta negativa a la decisión. El ser humano tiene cuatro derechos fundamentales muy bonitos, que a veces olvidamos: a fallar, a decir ‘no sé’, a equivocarse y a cambiar de opinión. Hacer uso de esos derechos se traduce en libertad, autenticidad y flexibilidad, lo que a la larga nos lleva a vivir bien, sin tenerle miedo al error, sin tener apegos y sin limitarnos al deber ser”.

¿Cómo actúan las emociones para detonar el cambio?

  • Hay que aprender más de las emociones, por ejemplo, saber que no son malas, sino que son naturales y podemos vivirlas, sobrepasarlas también.
  • ¿Y si tengo miedo? Aunque está allí para proteger y nos salva la vida, también puede llevarnos a congelarnos e ir a la inacción. El miedo es un motor de cambio; la idea es sobrepasarlo para llevar a cabo los planes.
  • ¿Y si no puedo salir de la tristeza? “Cuidado con la tristeza. Es un vicio”, dijo el escritor Flaubert. Este estado si se vuelve permanente no ayuda a movilizarse.
  • ¿Y si nos conectamos con una emoción positiva? Por ejemplo, la que nos embarga cuando pensamos en el sueño que tenemos aplazado es indicador de que deberíamos movernos para conseguirlo.

Relatos desde la experiencia

13% Pasión por el trabajo es una iniciativa de Andrés Acevedo y Nicolás Pinzón, que reúne historias de personas que encuentran satisfacción en lo que hacen para resignificar la palabra trabajo. Las historias se encuentran en un podcast (episodios grabados en audio y transmitidos en internet), al que se puede acceder desde el sitio web treceporcien.com y en plataformas como Spotify y Apple Podcast.